martes 31 de agosto de 2021 - 12:00 AM

Una vida excepcional

A pesar de la diferencia de edades, diez años, participé en algunas reuniones de compañeros de colegio. Hasta que su mente estuvo lúcida, fue amigo de sus amigos; nos dolió su muerte.
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Carlos Ardila Lülle había nacido en la década anterior a la mía, 1930. Aún recuerdo las calles empedradas, los balcones españoles, los alares voladizos, las residencias que circundaban los alrededores de la tradicional plaza de García Rovira, bautizada con el nombre de nuestro único prócer. Su padre, Don Carlos Julio, hombre de cristiana honradez, era elegido siempre para manejar las arcas de su partido y muchas instituciones que vieron en él la pulcritud en la tenencia de los dineros.

La urbe se convertía de aldea pajiza en una ciudad que progresaba. Muchos inmigrantes habían dejado sus huellas en industrias y comercios que aún se conservan a pesar de las vicisitudes y virajes de la economía. Con algunos amigos formó un grupo “de paz” para intervenir ante las autoridades en la pacificación de algunas regiones del departamento.

Cuando Carlos tenía trece años de edad, no dudó en ayudar a su padre en algunos menesteres relacionados con sus negocios. Fue el primer paso que dio este adolescente, para convertirse, con el transcurrir de los años, en el más grande industrial de nuestra tierra. Vivía la familia en la calle 41 No. 14-75 frente a nuestra casa, lugar de grata recordación. Al cumplir 15 de vida, obtuvo el grado de bachiller en el Colegio de San Pedro Claver. A los 17 años ingresó a la Universidad y a los 21 alcanzó la gerencia de Gaseosas Lux en Medellín.

Participó en campañas políticas del conservatismo; la política no resultó ser su objetivo. Como accionista mayoritario de Gaseosas Lux, creó la Organización Ardila Lülle, que fue creciendo como la espuma. Nunca se detuvo y así completó más de un centenar de empresas de la más singular importancia en Colombia.

A pesar de la diferencia de edades, diez años, participé en algunas reuniones de compañeros de colegio. Hasta que su mente estuvo lúcida, fue amigo de sus amigos; nos dolió su muerte.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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