Publicado por: Eduardo Duran
O mejor diría, ¿quién se atreverá a tomar las decisiones?
La pregunta cabe frente al escenario de Paz que estamos viviendo una vez más los colombianos, pues lo que hemos observado a través del tiempo es que los años pasan y mientras unos dirigentes de la guerrilla son abatidos como Reyes, Cano y el Mono Jojoy, otros mueren de viejos como Tirofijo. Por parte del gobierno cada cuatro años tenemos un nuevo Presidente a quien el tiempo le pasa rápidamente y las propuestas no alcanzan a tomar una dimensión efectiva para alcanzar acuerdos.
En eso nos hemos pasado desde el mandato de Belisario Betancur y no hemos observado la real voluntad para alcanzar la paz. Muy seguramente la pretensión de sacar mayores ventajas lleva siempre a una dilación perniciosa de las propuestas, hasta que nuevos personajes las abordan para continuar con escenarios similares.
Mientras tanto el país se desangra, las víctimas se multiplican y el “todos pierden” sigue siendo el lema que cada día nos atormenta y nos hace diferentes al resto de las naciones.
Es increíble que en tanto tiempo no hayan surgido unos talentos con la suficiente capacidad creativa, con el liderazgo y con el pragmatismo para interpretar unas realidades y para concluir un espectro de posibilidades de negociación.
Mientras no se parta de la base de una voluntad concreta y de la generación de hechos que comiencen a evidenciar el objetivo, es imposible avanzar y generar espacios de confianza.
Si el tire y afloje continúa con la pretensión de lograr ventajas, los negociadores seguirán muriéndose en los campos de batalla o de viejos en inhóspitos aposentos, mientras los colombianos seguimos de generación en generación marcados por el conflicto que no tiene fin, porque no han existido valientes para terminarlo.
Realismo y pragmatismo tienen que ser dos términos insustituibles en este proceso. Otros movimientos subversivos los han tenido y ahí están sus dirigentes incorporados a la vida civil, contribuyendo a alimentar los procesos democráticos y generando alternativas de desarrollo.
En una negociación es imposible lograr todo lo que se pretende. Eso lo han entendido hasta los más recalcitrantes negociadores que en el mundo han existido, y el proceso de negociación es precisamente para auscultar y encontrar puntos intermedios que incluyan opciones válidas y que generen respuestas justas a los planteamientos que los convocan.
Esperamos entonces que en este proceso surjan por fin los valientes que crean firmemente en que el conflicto no puede ser eterno, en el que las sentencias de muerte sean las que sigan aplazando los grandes anhelos nacionales.









