viernes 05 de junio de 2020 - 12:00 AM

Alfredo Acebedo Silva

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Columna de
Eduardo Durán

El fallecimiento de Alfredo Acebedo Silva ha consternado a la sociedad santandereana por todo lo que él significó en las innumerables empresas que abordó y que conducía con marcado éxito.

Desde muy joven heredó el talante de su padre, Eliseo Acebedo Serrano, y junto con su hermano Eudoro y sus hermanas, emprendieron la tarea de continuar con las empresas familiares hasta colocarlas en altos niveles dentro del contexto nacional.

La avícola El Guamito y la empresa ganadera Acevedo Silva, son dos marcas que han logrado sobresaliente desempeño y que han tenido la oportunidad de implementar eficientes tecnologías y procesos, capaces de competir con las grandes entidades a nivel nacional, y a través de ellas se han experimentado avances muy importantes tanto en la genética de las aves como del ganado vacuno. Y en todo el sistema productivo han creado cientos de empleos que han beneficiado la economía regional.

Por estos desempeños, Alfredo tuvo una amplia connotación en los gremios nacionales de la avicultura y la ganadería, y llegó a ser partícipe asiduo de las más importantes ferias a nivel nacional e internacional en donde sus ejemplares han brillado por las calidades alcanzadas. Sus unidades de negocio trascendieron las fronteras de la región y han llegado a otras latitudes del país y del exterior con notorio éxito.

Pero también fue un dirigente gremial en Santander, que influía notoriamente en todo lo que tuviera que ver con el desarrollo regional: presidió la Cámara de Comercio de Bucaramanga y su presencia siempre fue entusiasta, cada vez que se ventilaban los temas para estimular el desarrollo del Departamento. En una columna reciente que escribí en este diario, llamando la atención sobre la necesidad de que se reviva el proyecto de la doble calzada Zipaquirá-Bucaramanga, me llamó para decirme “hay que meterle todo el empuje a esa idea; si quedamos por fuera, quedaremos condenados al atraso”.

En el ambiente social, era muy amable y especial; su sonrisa motivaba y su voz de aliento afloraba para impulsar ideas, para evocar sentimientos y para entusiasmar a los interlocutores. Esa apariencia física que poseía, con enorme estatura, tez muy blanca y rasgos nobles, lo hacían sobresalir dentro de los asistentes a cualquier reunión, en donde él se esforzaba para intervenir y para aportar ideas sobre los temas que se discutían. Y lo sabía hacer con dos características muy especiales: franqueza y humor. Una vez exponía la idea, solía rematarla con una anécdota o con un chiste y de esta manera su idea seguía flotando en la mente de los asistentes.

A los hombres se les mide por su impronta y por su capacidad de acción, y a Alfredo lo recordarán los santandereanos como un individuo fundamental dentro de su desarrollo y dentro de sus más nobles intereses. Sus familiares lo recordaremos siempre como un ser insustituible en nuestras vidas.

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