viernes 20 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Ciudades imprevisibles

Imprevisible es lo que no se prevé, lo que se pasa por alto, lo que no se advierte, lo que no se vislumbra y lo que no se insinúa, presiente, vaticina o pronostica. Todo se deja pasar por alto y por eso se presentan los colapsos, los caos, el desorden y desde luego también, la tragedia.

Este escenario es el que presentan hoy en día las ciudades en Colombia: vivieron una prosperidad económica en los últimos años que les permitió crecer, ensanchar sus posibilidades, ampliar su horizonte, hacer toda clase de inversiones para poder emplear los recursos de más que ofrecía la bonanza, pero lo hicieron sin el ojo avizor que indicara el camino correcto y que evitara el desorden que condujera al trauma.

El resultado que tenemos y del cual dan cuenta todos los medios de información y de percepción, es que las ciudades en Colombia se nos volvieron inmanejables, catastróficas, en donde la característica es el desorden y la falta de todo juicio en su conducción.

Los vehículos se multiplican y las vías se adelgazan; el comercio crece y se toma las viviendas, los andenes, las calles, los semáforos y todo lo que brinde un espacio. Los parques no se mantienen ni se incrementan y la superpoblación los pisotea y los acaba. Las basuras pululan y la informalidad se esparce. Las normas de expansión no aparecen y cada cual construye como se le da la gana, atropellando el espacio y al ciudadano. La cultura y el buen comportamiento no se robustecen y lo vulgo y ofensivo se impone.

La solución tiene que ir enmarcada en tres conceptos básicos: Decisión política para generar actitud frente a los problemas, planeación para avizorar el mañana y diseñar lo previsible frente a lo que se ve venir y, autoridad para imponer a tiempo las medidas que se diseñen dentro de los respectivos parámetros.

Si las cosas no operan así, lo que surge es la irresponsabilidad y la condena al ciudadano para que viva entre el caos. Frente a ello, está el doloroso proceso de acabar con lo que se ha logrado y de borrar de un plumazo los sueños de las gentes de bien que siempre piensan en vivir mejores días con la ayuda de todo lo que tienen que aportar de su bolsillo para que las soluciones afloren y de los que eligieron con su voto para que cumplan con su responsabilidad histórica.

Los gobernantes y los ciudadanos son al fin y al cabo los que eligen qué es lo que quieren dentro de su hábitat: si vivir la experiencia de los que hicieron las cosas mejor o de padecer el desastre de aquellos que transitaron por el sendero de lo incierto y de lo caótico.

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