viernes 14 de febrero de 2020 - 12:00 AM

El déficit de árboles

El Presidente debe convocar a todos los gobernadores, alcaldes y directores de las corporaciones, para que establezcan sus propias metas de siembra de árboles
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Columna de
Eduardo Durán

El anuncio del Presidente Duque de comprometerse a sembrar 180 millones de árboles en lo que queda de su gobierno ha puesto a pensar a los analistas del medio ambiente sobre la realidad del sector en nuestro país.

La verdad es que la disminución de las áreas arborizadas corre por cuenta de los comerciantes de madera, de los ganaderos que quieren expandir sus territorios de potrero, de los que utilizan los árboles como elemento de combustible, de los pirómanos que gozan provocando incendios y de todos aquellos que no cuidan los árboles de su entorno y los dejan atacar de toda clase de acechos. Se ha establecido que para que las ciudades puedan equilibrar el medio ambiente en lo que hace referencia al clima, al régimen de lluvias y la calidad del aire, deben tener por lo menos siete árboles por cada habitante. La verdad es que ninguna ciudad cumple con estos parámetros y a las que mejor les va, apenas llegan a tres, y esta es la razón por la cual la contaminación ambiental los asfixia, las temperaturas bruscas los atormentan y el agua es cada vez más escasa. Frente a estas circunstancias es que el señor Presidente debe proceder a convocar a todos los gobernadores, alcaldes y directores de las corporaciones autónomas regionales, para que establezcan sus propias metas de siembra de árboles, pues si no es posible crear una cultura permanente alrededor de este propósito, vinculando de manera estrecha a la ciudadanía, muy poco se puede esperar de una mejora en este fundamental sector. El mandatario ha sido concreto en haberse atrevido a formular esa cifra, pero la cuota debe estar en cabeza de todos los responsables mencionados, pues lo que vemos hoy es un cúmulo de ciudades, cada vez más creciente, en donde el agua escasea, el aire contamina y el clima azota.

El medio ambiente se ha convertido en una prioridad mundial, tal como lo estableció la cumbre de Davos, Suiza. La urgencia de su atención se radica en la preservación de la vida misma, y lo que vemos es que esos angustiosos llamados no generan las acciones requeridas. No es sino mirar al actual presidente de Brasil, que critica que el resto del mundo se refiera a la Amazonía, y promete hacer solo lo que a él le venga en gana, en una actitud pretenciosa, desafiante y torpe.

Colombia tiene que tener muy en claro sus metas y a ellas deben responder también los gobernantes regionales y locales. La estadística es la que nos dice qué es lo que tenemos realmente y qué es lo que en verdad nos hace falta.

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