viernes 09 de abril de 2021 - 12:00 AM

El rescate de la calle 36

Toda esta remembranza, para concluir que hoy esa avenida, tan cara a los afectos de los bumangueses se encuentra descuidada, abandonada, maltratada, y su aspecto luce deplorable y triste.
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Columna de
Eduardo Durán

Cuando esta avenida se proyectó, y se le dio el nombre de Rafael Uribe Uribe, se pensó que fuera la calle emblemática de Bucaramanga, hasta el punto que para su inauguración fue traído el propio presidente de la República, para entonces Roberto Urdaneta Arbeláez.

Nace en el parque de García Rovira, teniendo a sus costados el palacio Amarillo que alberga la Gobernación de Santander; la alcaldía de Bucaramanga, y ahora el palacio de Justicia, descubierta su bella fachada republicana por la plaza cívica Luis Carlos Galán. Su conexión inmediata fue con la carrera 15, llamada Avenida Libertador, en homenaje a Bolívar. Allí se levantaron dos edificios de buena factura: el de Colseguros en donde quedaba la antigua y llamativa Quinta Sorzano, y el de la Empresa de Teléfonos, al otro extremo.

El curso continúa hasta llegar al parque Santander, adornado con sus faroles franceses, en donde se encuentran importantes edificaciones como el Club del Comercio, palacio que bien podría adornar cualquier capital europea; la catedral de nuestro Arzobispo, la Sagrada Familia, con sus enormes torres que se acercan a los cielos y proclaman a Dios; el hotel Bucarica, establecimiento que proyectó la ciudad hacia la modernidad; la Cámara de Comercio que reafirmó ese concepto, y allí el complemento con el banco de la República y el llamativo complejo arquitectónico de La Triada, concebido su bello nombre por el jurista y escritor Alfonso Marín Morales.

La avenida continúa su curso hasta la carrera 27, a la que se le dio el nombre de avenida Próspero Pinzón, simbolizando ese cruce de caminos, la reconciliación después de la batalla de Palonegro, en donde Uribe y Pinzón fueron los protagonistas de los bandos en conflicto. Allí la Corporación Financiera de Santander levantó su edificio de bella arquitectura, y en fachada blanca, tal vez para avalar esa paz de pretéritos tiempos.

Las calzadas dobles de la gran vía, continúan su curso hasta la carrera 33, en donde muere; a la que se le colocó un nombre que ya nadie recuerda: Avenida de las Américas, no se sabe por qué, lo que convendría de pronto renombrarla.

Toda esta remembranza, para concluir que hoy esa avenida, tan cara a los afectos de los bumangueses se encuentra descuidada, abandonada, maltratada, y su aspecto luce deplorable y triste. ¿Por qué no emprender un plan de remodelación urbana que señale su futuro y que garantice su aspecto físico? Las grandes avenidas en las importantes capitales fueron previamente concebidas y con su idealización se fueron proyectando hasta consolidarse como emblemáticas, con estrictos parámetros sobre su uso.

Existe un terreno muy importante ya ganado, tal como aquí mismo lo describimos; sería importante completar la tarea y no dejar abandonado el campo, para que lo aniquile la desidia de quienes nada entienden.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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