viernes 30 de abril de 2010 - 10:00 AM

Héroe olvidado

Dentro de las muchas conmemoraciones que se anuncian con motivo del bicentenario de la Independencia, vale la pena que la región piense en honrar la memoria de un héroe injusta e imperdonablemente olvidado, que alcanzó las más altas responsabilidades y que llegó a ponerse a la cabeza de la gesta emancipadora.

Se trata de Fernando Serrano y Uribe, hijo de don Pedro Javier Serrano y Durán y de doña Antonia de Uribe y Mantilla, oriundos de Girón, pero aquel nacido en Matanza y enviado en su juventud a estudiar al Colegio del Rosario en Bogotá, en donde obtuvo el título de Abogado. Posteriormente se radicó en Girón y tuvo actividades comerciales en Piedecuesta, hasta que decidió dedicar sus esfuerzos a la causa libertadora, participando en los acontecimientos que proclamaron la libertad de Pamplona el 4 de julio de 1810, habiéndose desempeñado posteriormente como Gobernador de la provincia de Pamplona (a la cual pertenecían Bucaramanga y sus poblaciones aledañas), en donde además fue el redactor de su Constitución que serviría de base para el estatuto fundamental de Cúcuta expedido en 1821.

En 1815 es designado Comandante del primer Ejército de la Reserva con el fin de defender El Socorro y los territorios del sur y el 23 de junio de 1826 se reúnen los jefes militares en Arauca con el fin de designar el gobierno provisional de la Nueva Granada y para tal efecto fue escogido Presidente el doctor Fernando Serrano y Uribe, quien de inmediato asumió sus funciones y posteriormente participó en las campañas de 1817 y 1818.

En medio de ese panorama azaroso que vivía la Nación, Serrano es herido y así se hace trasladar para participar en las deliberaciones del Congreso de Angostura, en donde fallece antes de concluir su propósito.

Es el relato breve de un hombre muy grande, valeroso y luchador, que como santandereano ocupó la Presidencia, tal como lo hicieron Custodio García Rovira y Aquileo Parra Gómez.

Lamentable es que la región no haya cultivado su memoria y que hoy nadie lo mencione como uno de los hombres más importantes que ha tenido nuestro terruño. No existe una placa que lo recuerde ni mucho menos un busto, ni ningún sitio público lleva su nombre. Apenas un retrato al óleo dibujado por el artista Luis Alberto Acuña, reposa en el salón Central de la Academia de Historia de Santander.

Es el momento para recuperar la memoria de este colombiano, orgullosamente nacido en nuestro departamento y que es una de las glorias de nuestra gesta emancipadora.

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