viernes 07 de octubre de 2022 - 12:00 AM

La ciudad atorada

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Columna de
Eduardo Durán

A medida que pasan los días, nos encontramos con un caos vehicular que atora las calles de Bucaramanga y su Área Metropolitana, produciendo el desespero de las gentes, porque los llamados trancones les amargan la vida, les hacen tortuosos los desplazamientos y les imponen la pérdida de tiempo y el incumplimiento de las obligaciones.

Lo peor es que la situación no tendrá como mejorar, y sí empeorar todos los días, pues las mismas calles tienen que albergar un mayor número de vehículos, situación que se desprende no solo del ingreso de nuevos automotores, sino de la concentración urbana, pues la expansión de Bucaramanga ya no es horizontal, sino vertical; es decir, la construcción de enormes edificios, hace que muchas mas personas, entren a ocupar los mismos espacios.

Y a ello se suma una deficiente semaforización, un mal estado de las vías y una precaria señalización.

Mientras otras ciudades están hablando de megaproyectos que permitan la descongestión, en propuestas como los sistemas de Metro, los trenes de cercanías, la construcción de nuevas y modernas vías, la estructuración de prolongados deprimidos que acorten distancias, y la estimulación de otros medios como el metro-cable y el tranvía, desgraciadamente aquí, no. Creo que estamos pensando demasiado en pequeño y la ciudad misma nos está asfixiando.

Cuando uno habla de reunirse en tal o cual sitio, la primera reacción es al desplazamiento que significa el poder cumplir la cita, pues los trancones arruinarán cualquier programación que se pretenda cumplir.

Una ciudad con un caos vehicular, lo primero que afecta es la calidad de vida de la gente; y pensemos en los mas débiles, en los que tienen que llegar a tiempo a trabajar, o en todos aquellos que tienen que abordar la calle para ganarse el sustento.

La solución vial al Área Metropolitana, tiene que resultar del producto de un escenario de planeación del mas alto nivel, en donde no solo puedan opinar todos los gremios de la producción y organizaciones cívicas, sino los mas calificados expertos en temas urbanos, que sean capaces de diseñar instrumentos efectivos en el corto, mediano y largo plazo, para atajar semejante engendro en el que estamos sumidos.

El angustioso lamento ciudadano siempre hay que evaluarlo, y sobre él, proyectar una respuesta adecuada, y siempre en las proporciones en que es necesaria. El arte de gobernar, implica un liderazgo para lograr la eficacia de las acciones que se pongan en práctica.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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