viernes 02 de octubre de 2009 - 10:00 AM

La corrupción y su proporción

Todos los colombianos en los últimos 30 años nos hemos reído de la frase que pronunció el entonces presidente Turbay, cuando dijo que la corrupción había que reducirla a sus justas proporciones.

En la sana lógica la corrupción no debe tener proporción alguna, sino simplemente no existir, pero los años nos han demostrado que es una tarea imposible para cualquier país del planeta que no tenga inescrupulosos dentro del gigantismo del gobierno, dispuestos a echarle mano al presupuesto cuando las oportunidades se les presentan de manera fácil y la moral de las personas es tan pequeña, que sucumbe inmediatamente cuando a la vista está el dinero del Estado. Pero deben preocuparnos enormemente las cifras que han dado la Procuraduría General y la oficina del Zar Aticorrupción en el sentido de que de los 30 billones que componen el presupuesto anual de la nación, 3,9 van a parar a los bolsillos de los corruptos.

Es sin duda una suma descomunal que es la señal fehaciente de que el camino para delinquir es fácil y que los atajos para los corruptos son mínimos, pues campean en casi todos los despachos en donde existen recursos para invertir.

La prensa nos ha dado ejemplos en abundancia de individuos inescrupulosos que han sido sorprendidos haciendo toda clase de trampas para burlar los pocos controles, y de la manera como se han echado al bolsillo los recursos que los buenos ciudadanos pagan al Estado cumplidamente a través de los impuestos. Es penoso y ofensivo para cualquiera, observar que la inversión se aleja, no porque la plata no exista, sino porque se la llevan los delincuentes que asaltan de manera tan fácil al Estado.

Hace bien el Procurador en plantear un 'Plan choque' pero la acción debe comprometer a todos los estamentos del país para que la vigilancia se incremente y la acción de la justicia pueda llegar oportunamente a todo aquel que pretenda anteponer su interés personal al de las obligaciones con el cargo, pues cuando la justicia llega tarde ya no hay casi nada qué hacer y los recursos han desaparecido definitivamente para infortunio de los contribuyentes y para desgracia del Estado.

Pero en medio de este maremágnum de dolorosos casos, vale la pena en reflexionar sobre la forma en que se deben seleccionar los candidatos para ocupar los cargos de responsabilidad en el manejo de los recursos públicos. No se puede seguir aplicando un esquema simple de recomendaciones sin responsabilidad, en donde se procesan hojas de vida sin las verificaciones de rigor y sin el examen detenido de lo que son la personalidad y las ejecutorias de los aspirantes, pues en los nombramientos actuales lo que se ve es que fallan los recomendantes y abusan los recomendados y la impunidad los asiste a ambos.

El ¡basta ya! tiene que provenir de la decisión irrevocable de los nominadores para que las cosas sean distintas y para que el trabajo que se haga en la selección tenga el rigor fundamental que se requiere para una tarea tan delicada y de tanto impacto. Los impuestos no pueden seguir parando en los bolsillos de los delincuentes.

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