viernes 24 de abril de 2020 - 12:00 AM

La petulancia del poder

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Columna de
Eduardo Durán

Dentro de los actuales momentos de crisis desesperada que vive el planeta, llega uno a la conclusión de que la carencia de líderes en el mundo está haciendo que nuestra sociedad fracase.

Los grandes adalides que se asoman al poder, tratan de destacarse con opciones y tesis extremas y extrañas, pretendiendo imponer esquemas basados en fundamentalismos de izquierda o de derecha, reconociendo solo unas tesis como válidas y condenando todo lo que pueda aparecer en contrario.

Los gobernantes cuando llegan al poder no entienden que deben representar a la totalidad de la población y creen que el éxito radica en gobernar solo para el sector que los alude y aplaude, desconociendo de paso las realidades y los sentimientos del resto de la población, e implantando una polarización que termina estimulando toda clase de odios y facilitando el desastre.

Así nacen los regímenes erráticos que creen defender a unos y que a los otros hay que perseguirlos: Trump, Bolsonaro, Johnson, Putín, López, entre los grandes del poder, y por otro lado Maduro, Ortega y lo que representaron Chávez, Fernández y Morales.

Elementos como la solidaridad, la cooperación, la integración de fuerzas para un objetivo, el sentido común para la solución de los problemas, parecen temas excluyentes frente a las pretensiones políticas y frente al egocentrismo que irradian los protagonistas.

Gobernar no es imponer, es acertar para poder llegar con las mejores soluciones al mayor número de personas. También es saber rectificar a tiempo cuando los hechos están en capacidad de demostrar el error y el desacierto.

Pero lo que vemos es que dentro de la dirigencia que gobierna el mundo prima el orgullo, la arrogancia y el desprecio por lo que puede ser diferente a lo que se piensa. Así es como se han destruido países de la región con economías importantes como Venezuela y Argentina.

Dentro de las actuales circunstancias podemos apreciar que en medio de las grandes equivocaciones que ha cometido el presidente Trump, ha significado que Estados Unidos en tan corto tiempo haya pasado de casi tres millones de desocupados a 22. Sin embargo el error persiste y anuncia que se retira de la Organización Mundial de la Salud y que como siempre, la culpa es de otro.

Y qué desconcierto tan grande contemplar que los grandes organismos internacionales, llamados a estimular la cooperación y la integración, se derrumban porque muchos de sus protagonistas quieren ir en solitario con sus erráticas ideas: La Unión Europea flaquea e Inglaterra se va sola; la OMS se vendrá a pique con el retiro de los Estados Unidos; y qué decir de nuestros organismos regionales como la Comunidad Andina o Mercosur, que no han servido para casi nada, porque cada quien quiere administrar sus propios intereses.

La peor pandemia que vivimos entonces es la de la arrogancia, la de la prepotencia y la de la charlatanería.

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