viernes 24 de noviembre de 2023 - 12:15 AM

Eduardo Durán

La plaza de San Mateo

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Columna de
Eduardo Durán

Dentro de los anuncios que ha hecho el nuevo alcalde de Bucaramanga., Jaime Andrés Beltrán, está el de la recuperación de la llamada plaza de San Mateo, en lo que se ha denominado como, el mercado Central.

Recuperar esa construcción es sin duda una propuesta llamativa para la ciudad, pues no solo contribuye a restablecer una bellísima edificación estilo republicano, que en sus tiempos le diera tanta importancia al entorno del sector, sino que además sería un paso muy importante para rehabilitar el centro, hoy tan deteriorado y a meced del desorden, las basuras y los vándalos.

Pero debe pensarse en una recuperación bien lograda, que incluya los elementos patrimoniales que se tuvieron en cuenta cuando fue construida y a su vez que sea posible incorporar los instrumentos que ofrece la modernidad, tal como lo han hecho escenarios parecidos en otras ciudades importantes del mundo, como es el caso de Valencia, España, en donde fue posible crear todo un ambiente cultural alrededor del reconstruido espacio, de tal manera que se ha convertido en uno de los atractivos más apreciados, a la hora de abordar una visita a dicha ciudad.

Pero a su vez esa recuperación debe tener presente el rediseño de su entorno, pues si no es posible hacerlo, para crear un ambiente más amable y atractivo, la inversión que se llegare a hacer puede correr el peligro de desaparecer en el corto tiempo, si no se tiene en cuenta que ese manejo debe ser integral.

Recuperar los elementos que han sido distintivos de la ciudad, debe ser un imperativo, como lo sería también recuperar el parque de San Francisco, al que le suprimieron las cuatro esquinas que había diseñado don Víctor Manuel Ogliastri Figueroa, cuando concibió los bulevares, con la pretensión de desarrollar a Bucaramanga al estilo de Paris. Allí taparon de paso una de las más bellas iglesias de la ciudad, que representa el estilo gótico, y a la que debe permitírsele recuperar el espacio, para que ese lugar recobre la belleza concebida por el urbanizador más importante que tuvo la ciudad en la primera mitad del siglo XX.

Apostilla: Lamento profundamente el fallecimiento de Carmenza Barrera de Lian; una mujer extraordinaria que aprendimos a admirar en toda la dimensión de su personalidad. Formó una gran familia al lado de su esposo Gabriel, y su presencia, acompañada de su enorme simpatía, siempre contribuyó a iluminar el camino para todos aquellos que tuvimos la fortuna de conocerla.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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