viernes 02 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

La precaria conectividad

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Columna de
Eduardo Durán

Cada día que pase, los colombianos tenemos que padecer dramáticamente los precarios modos de transporte con que contamos, pues al haber dejado acabar el ferrocarril, y también la navegación fluvial, quedamos en manos de una conexión terrestre de muy bajas dimensiones y con unos enormes costos de operación.

La cruda realidad nos muestra que la ola invernal deja fuera de servicio muchas carreteras, y otras con marcadas restricciones, situación que se ha agravado con la protesta social, que se toma las vías y paraliza el tráfico.

Mientras tanto el aparato productivo lleva las consecuencias porque sus productos no pueden circular de manera eficiente, y los insumos que requiere, tampoco puede obtenerlos en los tiempos requeridos. Todo esto hace que la movilización de la carga sea lenta y que los costos se incrementen con cada uno de estos episodios que se añaden.

Lo que caracteriza a los países desarrollados y con economías dinámicas, es precisamente que pueden contar con sistemas alternativos de transporte, en donde el ferrocarril juega un papel muy importante, pues moviliza altos volúmenes de carga en tiempos acordes y a unos costos mucho mas reducidos que si utilizaran las carreteras. Y ni hablar de la alternativa fluvial, pues aquí se optimizan aun mas los mecanismos, y desde luego, se reducen adicionalmente los costos.

¿Por qué no se ha podido revivir el tren en Colombia?, algunos piensan que por desidia de los gobernantes; otros que, por los costos de recuperación de la red, y la mayoría opinan que el problema está en la dictadura que han impuesto los transportadores, quienes exprimen un jugoso negocio derivado del transporte, y el poder alcanzado ha hecho que prácticamente tengan un monopolio, en donde siempre el lomo de la res va para su provecho.

El actual presidente se refirió a este tema en su campaña, y valdría la pena asumir ahora el compromiso de estructurar y sacar adelante el tren, como la mas expedita alternativa de transporte de carga, y ojalá también de pasajeros, tal como funciona en todo el mundo.

Eso nos permitiría, además, descongestionar las carreteras y evitar el desgaste notorio que siempre se percibe por la exagerada circulación de automotores y por el enorme peso de las cargas que por allí circulan.

Un país con deficiencias en materia de transporte, lo lleva a no ser competitivo, pues al tener que asumir costos adicionales por tortuosos recorridos, por instrumentos de transporte no idóneos, y por demoras absurdas, tanto el sistema de producción, como la distribución de la misma, termina ocasionando marginamientos que empobrecen la economía nacional.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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