viernes 12 de diciembre de 2008 - 10:00 AM

La solidaridad de las naciones

El Papa acaba de hacer un llamado a los constructores de la nueva Europa, para que sean 'Más acogedores, solidarios y fieles a sus raíces cristianas'.

Nada tan oportuno como este público emplazamiento, que debe entenderse no sólo dirigido a los países del Viejo Continente, sino a todas las grandes potencias, que en su afán de afianzarse como tales, son indolentes, despiadadas y oportunistas si se tiene en cuenta que el utilitarismo es lo que las anima y lo que las hace emprender causas en donde el interés unilateral siempre es el predominante y esencial a la hora de definir las relaciones.

Las ventajas comerciales, las trabas para que ciudadanos de otras latitudes ingresen en busca de oportunidades laborales, educativas o de simple turismo y la falta de cooperación efectiva en el combate del delito o en la erradicación de problemas sustantivos, son algunas muestras que a diario se ven sin que se diseñen instrumentos efectivos para una acción mucho más concreta y de resultados, que tienda a producir verdaderas transformaciones.

Esa dureza de carácter y esa actitud gélida hacia los más débiles, no puede seguir siendo el predominio en el manejo de las relaciones entre los países porque lleva a producir injusticias y desequilibrios, que de todas maneras terminan repercutiendo en todo el mundo.

Es así como muchos ciudadanos se ven impulsados a proceder en formas no convencionales cuando de aspiraciones se trata o cuando simplemente pretenden luchar por una forma de vida digna frente al panorama de desequilibrios que el mundo exhibe y que pareciera que cada día abriera mucho más la brecha entre quienes todo lo tienen y quienes todo les falta.

Si ese llamado no se escucha a tiempo, muchas serán las consecuencias que el mundo tendrá que ver, ante la indiferencia de quienes tienen mucho que hacer al respecto y muy poco o nada hacen.

La responsabilidad con los ciudadanos del mundo tiene que tener otro tratamiento, otro esquema de valoración, otra mirada mucho más equitativa y justa que sea a su vez una puerta de oportunidades que facilite el equilibrio mundial que millones de personas piden a gritos, que parecieran no escucharse.

Apostilla: La existencia de 963 millones de hambrientos en el mundo, según la FAO; 40 millones más que en el 2007, debe ser un tema de reflexión para todos los países, a propósito del comentario que acabamos de expresar. Una cifra de estas, exige la concurrencia decidida de todas las potencias del mundo.

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