viernes 12 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

Los de puñal nos invaden

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Columna de
Eduardo Durán

Los comentarios que hoy en día se ofrecen entre familia y amigos, la mayoría giran en torno al preocupante crecimiento de la inseguridad: robos, atracos y toda clase de actos violentos que ocurren en las calles y que también abarcan los espacios cerrados como casas, apartamentos, oficinas y establecimientos de comercio. Una sociedad atemorizada por delincuentes. Se siente pánico.

Salir a la calle constituye un riesgo ya de proporciones insospechadas, pues significa quedar en manos de los delincuentes que se quieren apropiar de sus pertenencias, y de paso, propinarle a la víctima una puñalada o un tiro. Lo hacen sin importar la hora, sin atender a que haya público o no, y en una actitud desafiante, en donde llega uno a la conclusión de que el salvajismo lo está invadiendo todo. Lo peor es que la característica resulta casi siempre la misma: los vándalos quieren ver sangre, por eso, así la víctima se someta completamente a entregar sin demora sus pertenencias y a suplicar que no le vayan a hacer ningún daño físico, de todas maneras, resultan descargando el puñal, una o varias veces, cuando no ajustándole un certero disparo que de una vez acaba con la vida o lo dejan en condición de discapacidad. Una cadena, un celular, un computador, una bicicleta, resulta ser blanco de los delincuentes y causa de muerte, casi segura.

Bogotá ha revelado datos, que suelen ser la réplica también en las principales ciudades. En los últimos 10 meses 110 personas han muerto en atracos y se han presentado 71.619 denuncias de robo de pertenencias. Si nos atenemos a que solo una de cada siete personas afectadas denuncia, ya podremos imaginar la dimensión de la cifra.

Le achacábamos la culpa al impacto de la pandemia, que dejó sin empleo a muchas personas y sin posibilidades de sustento, lo que significó el incremento de la pobreza extrema; pero resulta que las cifras de la economía señalan que la recuperación ya ha colocado los niveles experimentados antes de la pandemia, y sin embargo el delito continuó con su preocupante crecimiento.

Claro que la Policía tiene su cuota de culpa; también los alcaldes, porque no han sido capaces de diseñar instrumentos eficientes para combatir el delito, y se siguen repotenciando los casos, frente a una ciudadanía impotente que llega a los niveles de la desesperación, al no sentirse protegida en su vida y bienes. Un país en donde el delito sobresale de esta manera tan preocupante termina no solo por acorralar y humillar a los ciudadanos, sino espantando la inversión; ya muy pronto estarán las alertas internacionales sobre el turismo, advirtiendo a los viajeros sobre los enormes peligros que corren al visitar cualquiera de nuestras ciudades.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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