viernes 13 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Por mal camino

Preocupa el informe sobre gasto en armas en el mundo en donde aparece que la región suramericana el año pasado gastó alrededor de 50.000 millones dólares en asuntos de defensa, con un incremento del 25% respecto a la cifra registrada en el 2007.

Esto significa que los países del área están destinando un 1.74% de su Producto Interno Bruto para este concepto, siendo los mayores compradores de armas Brasil (US27.000 millones), (Colombia (US6746 millones) Chile (US5395 millones) y Venezuela con (US5000 millones).

Pone a pensar que una región pobre como esta, con tantas necesidades apremiantes y con índices de pobreza tan significativos, tenga que destinar sumas tan importantes a la compra de armas, cuando debería estar preocupada en cómo solucionar sus necesidades básicas en materia de alimentación, salud, agua potable, vivienda y educación.

En el caso colombiano la razón fundamental es el enfrentamiento de la lucha armada con los grupos guerrilleros a quienes tiene que salir al paso para evitar la desestabilización del país y las condiciones de esa lucha hace que se gaste demasiado en un territorio tan amplio, con una geografía tan compleja y con unos ingredientes excepcionales, con presencia de narcotráfico, corrupción y buena dosis de brutalidad en la acción.

Es la reflexión que todos debemos hacernos en esta demorada paz, tan esquiva por causa de la prolongación indefinida del conflicto que obliga a los colombianos a que sus principales esfuerzos en materia presupuestal, tengan que estar dirigidos, no al mejoramiento de las condiciones de vida de la población, sino a una guerra absurda entre los conciudadanos cuando un sector de la población insiste en que el camino es el de las armas y no el de la resolución civilizada de sus conflictos internos.

En estas condiciones, siempre nos tocará hacer un esfuerzo mayor que el que tienen que desplegar el resto de los países para reunir recursos que estén dirigidos a inversiones productivas, pues las primeras preocupaciones de los gobiernos, mientras el conflicto persista, tendrán que apuntar al recaudo de dineros para la compra de armas y para el sostenimiento en general de la fuerza pública representada en miles y miles de hombres dedicados exclusivamente al campo de batalla.

Un país así, no puede convertirse nunca en una nación viable y siempre vamos a ser vistos como elementos extraños, dañinos y perversos, cuya característica general es y será la lucha irracional y mortífera y no el fortalecimiento de sus individuos como personas y como elementos de bien destinados a fortalecer la condición humana.

¿Hasta cuándo? Nadie tiene la respuesta, pero una podría ser que hasta que los irracionales no entiendan que ante todo somos seres humanos y no fieras en pos de exhibir la barbarie. 

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