viernes 15 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Una lección de historia

Una verdadera cultura que nos permita purgar el mal pasado y aprovechar fortalezas, es lo que requerimos y en lo cual debemos concentrarnos.
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Columna de
Eduardo Durán

Europa entera ha conmemorado por estos días los 75 años de la culminación de la Segunda Guerra Mundial, un doloroso episodio que estuvo rodeado de la más extrema estupidez y crueldad, que significó la destrucción de muchas ciudades del Continente y la pérdida de más de 50 millones de vidas, que a su vez dejaron a los sobrevivientes en las más penosas condiciones.

Aquí fue cuando se puso en evidencia el enorme daño que causan las ideologías de extrema, que siempre llegan a la conclusión de que todo es posible y permitido cuando se trata de imponer una causa política. Llegan al poder amparados en todos los beneficios de la democracia, para de inmediato acabarla y aplastar de esta manera al pueblo con un régimen errático, perverso, y en este caso criminal.

Pero hoy, desde la distancia, podemos apreciar que los europeos se han amparado en la historia, para permitir un permanente análisis de lo que ocurrió en esa escalofriante tragedia, para que los ciudadanos tengan presente cómo fue que se llegó a ese escenario, cómo fue que se padeció la tragedia y qué es lo que hay que hacer para que la brutalidad no vuelva a aparecer para revivir lo superado.

He tenido la oportunidad de realizar cursos en Europa y siempre me ha llamado la atención, que tanto los estudiantes en las universidades, como los profesionales y la gente del común, tienen muy presente qué fue lo que ocurrió, y lo llevan a uno a museos de todo tipo, que guardan la dolorosa memoria con textos, fotografías y documentales, que son repasados permanentemente, en un ritual que permite la catarsis en medio del dolor. Allá sí saben para qué es la historia, y saben utilizarla como una efectiva y alentadora herramienta, no solo para ilustrar, sino para pensar y para deducir formas de actuación.

Y de todos estos países, tal vez Alemania es el que más rigor le imprime, y en donde encuentra uno más gente conocedora del tema. Fue el país más destruido, más sufrido, y hoy a su vez es el país más desarrollado del área.

Nos llega esta conmemoración en un momento de recogimiento, que nos debe invitar a pensar en nuestro futuro, para poder estar en condiciones de ofrecer escenarios de verdadera reconstrucción y reparación. Las ideologías no pueden ser utilizadas para fomentar abismos, sino para edificar puentes que permitan acercamientos y que ofrezcan verdaderas soluciones a los temas de conflicto y de depresión.

Una verdadera cultura que nos permita purgar el mal pasado y aprovechar fortalezas, es lo que requerimos y en lo cual debemos concentrarnos. La polarización, el extremismo y la negación de las realidades, también son epidemias que tienen la capacidad de producir mucho daño y de generar las enormes frustraciones del pueblo que termina padeciendo cruelmente sus efectos.

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