viernes 24 de abril de 2009 - 10:00 AM

Una merecida exaltación

El reconocimiento que hizo ayer la Academia Colombiana de la Lengua, al exaltar como Miembro Correspondiente a Alfonso Gómez Gómez, reúne en su intención muchos merecimientos para una persona que ha sabido distinguirse con honores no solo como ciudadano, sino como profesional, como político, como gobernante, como jurista, como educador de dilatada trayectoria y como maestro del idioma que lo ha sido no solo al hablar, sino también al escribir.

Hombre sencillo y austero se ha distinguido por una laboriosidad sin pausa pues para él no existen las vacaciones, ni siquiera el asueto, pues sus profundas jornadas comienzan muy a la madrugada y apenas dan pausa para un breve sueño en la mitad de la noche. A él es casi imposible aconsejarle un buen libro, pues siempre que se pretende hacerle referencia a alguno, ya lo ha leído desde recién salido de la imprenta pues es ávido a la lectura recién impresa, como las viejas señoras de Zapatota al pan apenas extraído del horno.

Esas interminables lecturas a las cuales dedica largas horas, seguramente desde su temprana juventud, le han formado el carácter, el espíritu, la filantropía que siempre lo acompaña, el don de gentes que además lo hacen un caballero de palabra, que se expresa con absoluta precisión, siempre con el término adecuado y con la cita textual si es necesario, pues además otro de sus atributos es el de poseer una memoria insuperable como si dentro de su cerebro existiera un disco duro de la más alta capacidad de almacenamiento. Sus discursos y conferencias han constituido siempre el ejemplo de lo que se puede llamar: la pulcritud en el uso del idioma.

Además su humor es fino como el de los sabios y cuando su boca desparrama una sonrisa que le envuelve el rostro sin dejar siquiera un pequeño orificio, ahí es donde se produce la frase que enmarca, que resume, que remata y que ironiza.

Y a todos esos atributos suma el de la creatividad y el de la capacidad para conducir y cristalizar ideas. Mientras el resto de la humanidad duerme, él aprovecha el insomnio 'como una invitación a pensar' como lo hacía el emperador Adriano y desde el asomo del alba, ya está al teléfono transmitiendo instrucciones, examinando resultados o comentando con sus habituales contertulios las enseñanzas de la lectura que lo acompañó en la noche recién despedida.

Nada mejor que haber escogido por parte de la Academia Colombiana de la Lengua el Día del Idioma, para rendir este tributo a un fiel exponente y cultivador del lenguaje que hace honor al legado de Cervantes y a la lengua de Castilla, tan fecunda y tan amada.

Jaime Posada, Otto Morales y el Ex presidente Belisario Betancur, los notables enviados para tal acto, han debido sentirse orgullosos por el cabal cumplimiento a su encargo.

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