viernes 04 de junio de 2021 - 12:00 AM

¿Y hacia dónde vamos?

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Columna de
Eduardo Durán

Definitivamente es hora de pensar en serio las cosas en este país; ya hemos tenido más de un mes de protestas y nos encontramos con una afectación de enormes alcances, no solo por la pérdida de empleos, la parálisis de la producción, el estancamiento de la mayoría de las actividades, sino por el recrudecimiento de la crisis sanitaria traducida en contagios y muertes.

A través de este periodo hemos podido identificar los problemas, que en estos momentos están siendo debatidos en la mesa de diálogo con el gobierno, y es el momento entonces de hacer un balance para definir qué es lo que se va a hacer.

Al permitirse una serie de canales de diálogo, ya aceptados y abordados por las partes, en donde ha sido posible catalogar los temas, bueno es pensar en parar este caos, mientras avanza la negociación, pues prolongarlo resulta absolutamente irresponsable por la enorme perturbación que provoca.

El país hay que proyectarlo dentro de sus posibilidades, hacia un escenario de crecimiento, en donde lo fundamental es la disminución de la pobreza, la creación urgente de empleo y la atención de las necesidades de los jóvenes, en cuanto a oportunidades de estudio y de trabajo, a su vez de la efectiva participación en la discusión de los grandes problemas nacionales.

Los tiempos y las gentes cambian, pero parece que las maneras de pensar no, y hoy tenemos un segmento de jóvenes, numéricamente muy representativos, que a su vez constituyen uno de los sectores con mayor capacitación y con posibilidades de procesamiento de información local, nacional y global, que es necesario incorporar a todos los procesos de cambio que se reclaman. Los jóvenes han podido demostrar que son una voz independiente, con ideas frescas y deben incorporarse a procesos pacíficos, claramente identificados, para que estén en capacidad de opinar, y en donde se les respete su criterio, sin interferencias políticas y sin inducirlos a la violencia.

Si eso es posible lograrlo, los cambios podrán llegar, pero si se dejan contaminar por el odio, el miedo y el oportunismo político, terminarán pasando la página sin que hayan logrado nada, solo ser utilizados. No podemos olvidar que ya existe un antecedente significativo, que lo registraron los jóvenes que lograron imponer la séptima papeleta en las elecciones ocurridas durante el gobierno Gaviria, para propiciar el cambio de la Constitución, y lo lograron. Fue un movimiento pacífico, de persuasión y de dedicación constante, en donde lograron ser escuchados y lograr el favor del proceso electoral, y así fue que nació la Constitución del 91, con la identificación de derechos nuevos para los ciudadanos y que le dio paso a la modernidad constitucional en nuestro país.

¿Es entonces el recto camino pasar a hablar ahora de toma y no de paro? eso suena a chantaje, a provocación y a violencia. Así como el fuego sube, la piedra baja, decía un pensador.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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