martes 28 de mayo de 2019 - 12:00 AM

1989

Nuestro Estado Nación es un cúmulo de imperfecciones, inequidades, usos abusivos del poder, mientras millones de connacionales creen... que somos una exitosa nación

Hoy, 30 años después, leyendo el recuento de los hechos fatídicos ocurridos en esos 365 días que hace María Elvira Samper en su libro ‘1989’, no ceso de preguntarme ¿por qué los colombianos somos tan insensibles frente a todo aquello que nos afecta como colectividad? ¿Por qué ante las desgracias colectivas que nos vapulean somos tan inexpresivos? ¿Cómo Colombia no saltó en añicos, si en ese año hubo semejante diluvio de hechos nefastos?

Probablemente hayamos sobrevivido como colectividad por eso, por ser indiferentes ante el hecho de que nuestro Estado Nación es un cúmulo de imperfecciones, inequidades, usos abusivos del poder, mientras millones de connacionales creen en la ficción o verdad imaginada de que somos una exitosa nación, que nos gobiernan prudentes hombres de Estado, que seguimos el más inteligente modelo de desarrollo económico, es decir, en un montón de mitos que solo existen en la imaginación colectiva de los colombianos, pero que en la realidad chocan con una realidad aplastante: somos algo muy distinto a todas las ficciones que a diario nos narran los medios de comunicación, los políticos, el establecimiento.

Leer ese inventario de actos de terror, desastres, desencuentros, dramas, asesinatos, genocidios, perpetrados en esta tierra durante esos 365 días, relacionados y atinadamente enlazados por María Elvira Samper en su libro, hace que nos preguntemos: ¿y por qué oportunamente no nos percatamos de la hondura del desastre, de la demencial suma de hechos de sangre, terror y la desestabilización de las instituciones?

Y en medio, un Presidente hierático, solitario, del que no nos percatamos que era de los más rescatables que hubo en la segunda mitad del siglo XX, tratando de que el país no se desmoronara.

El libro demuestra que Colombia es una realidad imaginada que ha sobrevivido pese a nosotros mismos.

Y el colofón es el inteligente análisis de lo que somos hecho por un lúcido colombiano, Francisco Leal Buitrago.

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