Publicado por: Eduardo Muñoz Serpa
Ser presidente del Senado implica desempeñar, a la par, la presidencia del Congreso, es decir, ser cabeza de una de las tres ramas del Poder Público, con todo lo que ello representa en una República que se precia de ser un Estado de Derecho, democráticamente gobernado.
El discurso puede llegar a alturas teóricas inimaginables, pero si bajamos el asunto a nuestra pedrera realidad, entramos en crisis al percatarnos del momento amargo que atravesamos.
Efectivamente, si un cargo ha sido ejercido en los últimos tiempos opacamente, por personajes de media panela que se relamen de gozo haciendo el ridículo, ese ha sido la presidencia del Senado.
¿Qué puede encarnar Roy Barreras que no sea la más sucia hojarasca de nuestra comunidad? Y es presidente del Senado; en tal carácter viaja por el mundo y nos representa ante los gobiernos extranjeros. ¿Imagina alguien lo qué pensarán de nosotros en otras latitudes cuando lo conocen?
Y su antecesor es una “joyita”: Juan Manuel Corzo. Cuando era la cabeza de la Rama Legislativa creímos que el asunto no podía llegar más bajo, pero apareció Roy….
Y antes de Corzo estuvo un insoportable muchachito, Armando Benedetti, y hacia atrás, esa dignidad la ocuparon Javier “vergüenza” Cáceres, Hernán Andrade, Nancy
Patricia Gutiérrez, Dilian Francisca Toro, Luis Humberto Gómez Gallo, Mario Uribe Escobar, Miguel Pinedo Vidal, Luis Guillermo Giraldo Hurtado y Fabio Valencia Cossio. ¡Y
hemos reseñado los últimos 12 presidentes del Senado!
¿Qué queda en evidencia? Que nos acostumbramos a que dicha dignidad sea desempeñada por personajes ‘de medio pelo’, la mayoría de los cuales ha pasado de su curul a la cárcel. La decadencia de la política y de quienes la ejercen ha llegado a honduras inenarrables, ¡pero los seguimos eligiendo!
Y pensar que el 20 de julio habrá otro, del mismo pelambre, presidiendo el Senado….









