Publicado por: Eduardo Muñoz Serpa
Si algo es difícil, es saber gobernar. Muchos ansían gobernar, se creen capaces de hacerlo, pero lo que realmente tienen es atracción adictiva por el poder, nada más; así, cuando llegan al mando, cual los borrachos, dan tumbos, no logran caminar articuladamente. ¿Ejemplo? Gustavo Petro.
Bucaramanga está viviendo ese drama. Quienes están al timón de la ciudad han dado, en público, tumbos en el rifirrafe que hay entre la administración municipal y los motociclistas. Ver eso da grima.
Es verdad sabida que uno de los más graves problemas que tiene la ciudad es el caos vehicular que hay en sus calles. Lo que ocurre en nuestras vías sólo se corrige con disciplina impuesta por quienes detentan la autoridad. Los motociclistas son actor principal de ello. Si no se logra ‘meterlos en cintura’, la ciudad no tendrá futuro. La anarquía no produce progreso.
El gobierno municipal anunció medidas para comenzar a solucionar tan grave problema, pero fue lerdo e incauto, lo contrario a como debe proceder un buen gobernante. Dejó que en la noche del sábado 11 de mayo un grupo de gañanes en motocicleta volvieran las calles un caos e ingenuamente, no previno el caos que entre domingo y lunes fraguaron y por eso Bucaramanga el martes 14 de mayo fue una hecatombe. Ese día, para la ciudadanía, fue evidente que no hubo autoridad en nuestro municipio.
Algo similar ha ocurrido con los vendedores ambulantes. Basta pasear hoy por la calle 35, caminar por Cabecera del Llano para corroborar: se dio un paso adelante y luego, dos hacia atrás.
Los bumangueses palpan que las autoridades doblaron la cerviz ante los patanes en moto y estos, envalentonados con su victoria, agudizan el caos vehicular a su antojo.
Un conglomerado, para progresar, necesita que sus gobernantes hagan valer la autoridad que detentan e infundan respeto. Y eso es lo que falta en Bucaramanga.









