martes 13 de julio de 2021 - 12:00 AM

Alfonso Guerrero

en los atardeceres de los viernes, mientras el sol de los venados se ocultaba tras de Palonegro, con la Banda Departamental llenaba de música a aquella ciudad tranquila en que entonces vivíamos.
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En “Los Buddenbrook”, destacada novela de Thomas Mann, el laureado escritor narra la vida de tres generaciones de una familia burguesa y en ella Hanno, el último de tal estirpe, en el libro que llevaban para anotar lo más resaltante de la vida de cada uno de sus miembros, tras de escribir su propio nombre trazó debajo dos grandes rayas. Fue la última anotación que allí se hizo.

Se apagó el pabilo de la existencia de Alfonso Guerrero. De disciplina vital, correcto, cordial, fue más de lo que fue, pues con fidelidad, éxito y celo, encarnó el canto del cisne de una época musical que se pierde en la espesa bruma de la “modernidad”.

Era el último de los músicos formados en una extraordinaria institución musical santandereana, la Academia Departamental de Música, regentada por el maestro Martín Alberto Rueda y tras su muerte, por el maestro Luis María Carvajal. Allí se educaron nuestros más destacados intérpretes de instrumentos musicales del siglo XX.

La orquesta de Alfonso Guerrero fue la última gran orquesta de baile de Santander; era sensacional oirla y sentirla en fiestas en clubes sociales, en casetas de ferias, en celebraciones bailables. Inolvidable un 31 de diciembre de los años 70 en el Club del Comercio en que embrujó tanto a la concurrencia que al filo de las 2 o 3 de la mañana “logró el milagro” de sacarla, tras de su clarinete, a bailar al parque de Santander.

Por años, con la Rondalla Bumanguesa arrulló el comienzo de las tardes bumanguesas con deliciosa música andina; con su grupo musical volvió realidad cientos si no miles de exquisitas serenatas; en los atardeceres de los viernes, mientras el sol de los venados se ocultaba tras de Palonegro, con la Banda Departamental llenaba de música a aquella ciudad tranquila en que entonces vivíamos.

Mucho le adeudamos a Alfonso Guerrero. Yo, en el libro de nuestros músicos del siglo XX, bajo su nombre trazo, nostálgicamente, dos rayas muy grandes pues desafortunadamente se acabaron.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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