jueves 09 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Eduardo Muñoz Serpa

Aquel 3 de noviembre de 1903

Para Colombia, Panamá es un drama que comienza el 25 de septiembre de 1513 en un pico de la cordillera de Chucunaque, cuando Vasco Núñez de Balboa, desde allí, descubrió el mar del Sur y vió, simultáneamente, los dos océanos, en forma parecida a como se pintó siglos después en nuestro escudo. Ese día, sin saberse, comenzó a escribirse la página más vergonzosa de nuestra vida como república, periférica de los centros de poder.

Los ojos de Balboa descubrieron para Occidente que Panamá era el sitio para comunicar los dos océanos. 301 años después, en 1814, en el ocaso del imperio español, las Cortes del reino, en Madrid, premonitoriamente expidieron una Ley que dispone construir allí un canal interoceánico.

A eso se sumó que el 28 de noviembre de 1821 Panamá se independizó de España y voluntariamente se integró a la naciente República de Colombia, entidad geopolítica estratégicamente ubicada, que por la estupidez de sus dirigentes ha sido durante dos siglos escenario de reyertas por el poder entre bolivarianos y santanderistas, conservadores y liberales, gólgotas y draconianos, federalistas y centralistas, regeneradores e independientes, izquierdosos y reaccionarios y, todos a una, han destruido cualquier posibilidad de progreso.

Mientras aquí todos se daban tortazos, las grandes potencias sabían que Panamá era vital para dominar e integrar a Occidente y, por eso, ingleses, franceses y estadounidenses, soñaban en hacer el canal mientras mientras aquí nuestros abuelos se mataban entre sí, ignorando su más preciada joya, el itsmo.

Durante los 82 años en que Panamá fue parte de Colombia, nadie trazó una política seria sobre el itsmo pues llevamos 200 años alimentando odios. Mientras tanto, las potencias miraban, planeaban, y Wall Street diseñaba crear en el itsmo un país que sirviera a E.E.U.U. de cimiento para edificar un imperio en el siglo XX. Y lo logró. Ello ocurrió el 3 de noviembre de 1903, o sea, hace 120 años. Ese día se escribió nuestra más vergonzosa página como república. Desde entonces Panamá es otro país.

Los colombianos de hoy, dopados por los abalorios que el centro imperial lanza, ignoran eso, miran sus telefonitos, leen barrabasadas en las “redes sociales”, comen hamburgesas, pizzas, papas fritas, toman Coca Cola, oyen rock, leen a “Tío Rico McPato”, Superman. Todo eso cumple su función, nada es gratuito... como no lo fue aquel 3 de noviembre de 1903...

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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