martes 29 de junio de 2021 - 12:00 AM

Colombia, de laberinto en laberinto

Desde principios del siglo XXI y hasta hoy, 20 años después, a tientas atravesamos otro oscuro laberinto político guiados por dos extremos llenos de cólera y temor
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A lo largo de nuestra historia republicana hemos padecido, reiterativamente, la lucha entre posiciones políticas contrarias que buscan coléricamente triunfar, imponerse con rabioso rechinar de dientes, tratando de obtener una pax cartaginesa, en pos de la cual nos hundimos repetidamente en oscuros laberintos de sangre, dolor, orfandad y odio. Llevamos 202 años divididos en bandos que defienden concepciones estrechas, profundizando abismos creados artificiosamente, siguiendo con ceguera la vehemencia caudillista, los ardides retóricos.

Nacimos como república en 1819 y, a poco andar, la patria fue escenario de un enfrentamiento visceral entre seguidores de Bolívar y de Santander; le dimos prelación a tan encarnizada lucha, relegando a segundo plano lo fundamental, organizar coherente y racionalmente nuestro Estado Nación. Todos perdimos. Después, tras fallecer nuestros libertadores, Colombia se enredó durante años en la aguda controversia librada entre Gólgotas y Draconianos. Luego y hasta finales del siglo XIX, la lucha a dentelladas, irreflexiva, fanática, fue entre el Radicalismo y la Regeneración. Durante los primeros 50 años del siglo XX, el antagonismo irracional fue entre liberales y conservadores. A partir de 1958 brotó la miope división entre quienes defendían el Frente Nacional y los que no comulgaban con tal statu quo; a estos les cerraron las puertas, proscribieron su pensamiento y varios sectores de los excluidos desembocaron en aventuras violentas que mutaron en la comisión de graves delitos comunes, acuerdos con el narcotráfico, mientras la miseria y las desigualdades se ahondaban en el país.

Desde principios del siglo XXI y hasta hoy, 20 años después, a tientas atravesamos otro oscuro laberinto político guiados por dos extremos llenos de cólera y temor, que pregonan -elección tras elección- trilladas y estereotipadas consignas, efectistas, para llevar al solio de Bolívar a personajes de poca dimensión, sin la estatura que el momento histórico exige.

Y ahí estamos, cual corcho en remolino, dando vueltas sin sentido cual perro perdido, condenados a padecer otro siglo de violencia, luto, atraso, inequidades. Ese es nuestro estigma, nuestra marca, nuestra mancha.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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