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Eduardo Muñoz Serpa
Lunes 15 de enero de 2024 - 12:00 PM

De consorcios y triquiñuelas

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Vanguardia publicó las pesquisas hechas por su Unidad Investigativa a un contrato de la administración departamental de Santander, cuyo proceso de selección del contratista está en curso. Borbota que puede haber niebla para burlar la transparencia en la adjudicación del contrato, la selección objetiva del contratista e –hipotéticamente- lesionar el erario en beneficio de grises intereses particulares.

Nuevamente la herramienta apta son dos figuras asociativas: los consorcios y las S.A.S. Del consorcio, su caracterítica sobresaliente es el ser figura precaria, es decir, que no tiene personalidad jurídica. El artículo 7 de la Ley 80 de 1993 da un concepto genérico de ellos y “pare de contar”, poco más regulan las leyes, fuera de los comentarios hechos por tratadistas y decisiones judiciales ejecutoriadas.

Como no tienen personalidad jurídica, no gozan de los atributos de la personalidad, es decir, no tienen nombre, representante legal, domicilio, ni patrimonio.

¿No tienen nombre? Si. Así digan tener nombre, son como las mascotas, les llamamos por un nombre o denominación, pero jurídicamente no tienen nombre pues no son personas y el nombre es un atributo que la ley solo da a las personas.

Como consecuencia de ello, los consorcios solo tienen administradores internos, sin representación legal y no pueden celebrar validamente contratos, ni contraer obligaciones. ¿Entonces quiénes adquieren aquellos y contraen éstas? Los que lo integran y a quienes éstos, como personas que son, designen como representantes suyos, más no del consorcio, pues este no es persona.

¿Y quiénes deben responder por la ejecución de obras, o la prestación de servicios a cargo de un consorcio? Quienes lo integran. Y como muchas veces son S.A.S. constituidas por prestanombres, solo años después, al deber responder por obras inconclusas, etc., aflora que estaba conformado por cáscaras vacías de huevo.

Numerosos consorcios son cual los corsarios de antaño que usaban la patente que les daba el Rey de Inglaterra para saquear las naos que llevaban a la metrópoli española tesoros americanos. Y... vaya un juez a perseguir al pirata Morgan y el tesoro escondido en alguna isla del Caribe... El diablo está en los detalles.

Epílogo: al fisco, alimentado por impuestos que con sacrificio pagan ciudadanos correctos... ¡Vaya herramienta que dejó “montada” la anterior administración departamental para adjudicar un contrato que asciende a decenas o centenares de miles de millones de pesos! ... Dios nos coja confesados.

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