martes 01 de junio de 2021 - 12:00 AM

De mayo de 1957 a mayo de 2021

Si los jóvenes no quieren correr la amarga suerte de generaciones anteriores, deben ser protagonistas de las elecciones de 2022, organizar su masiva presencia en las urnas.
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En Colombia, jornadas de conmoción durante semanas enteras como las que estamos viviendo en este intranquilo mayo de 2021, no se veían desde mayo de 1957. En ese entonces y ahora, los hechos de mayo comenzaron meses antes y la inconformidad social no fue percibida, oportunamente, por el Gobierno de Rojas Pinilla, ni por el de Duque. Lo de 1957 y lo de hoy, tiene causas y desarrollos diferentes, pero en ambos hechos sociales influyeron: la situación económica, la corrupción, el rechazo de la ciudadanía a decisiones gubernamentales.

En mayo de 1957, fue en Bogotá, Cali y Medellín, donde más violencia callejera hubo. Hoy ocurre lo mismo. En 1957 el protagonismo estuvo en cabeza de los estudiantes; en 2021, la juventud oficia de paladín en las calles.

Al regresar todo a su cotidianidad en 1957, se ensalzó el papel de los universitarios, pero ello pronto se olvidó y en enero de 1959, cuando el gobierno Lleras Camargo subió el precio del servicio de bus urbano, los estudiantes protestaron y se les estigmatizó agudamente. El tratamiento torpe que el Frente Nacional dio a la inconformidad juvenil, logró que brillantes jóvenes no cupieran en el país bipartidista y emprendieran caminos en los que la más lúcida generación de la segunda mitad del siglo XX se convirtió en la de las vidas inacabadas.

Comparto buena parte de lo expuesto por Cristina Plazas en Vanguardia sobre la juventud. Colombia tiene con ella deudas infinitas. Pero la protesta no debe mutar en anarquía y violencia desbordada, sin norte.

Si los jóvenes no quieren correr la amarga suerte de generaciones anteriores, deben ser protagonistas de las elecciones de 2022, organizar su masiva presencia en las urnas. Solo así, quienes vayan al Congreso y quienes elijan Presidente, serán distintos a los de los últimos 40 años.

Si este mayo no se cristaliza en las urnas en 2022, estamos viviendo nuestra ilusa “primavera árabe” y todo seguirá igual o peor que antes.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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