martes 12 de marzo de 2019 - 12:00 AM

El agente encubierto

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¿Qué es un agente encubierto? ¿Qué es un agente provocador? Estas herramientas judiciales, propias del Derecho de otras latitudes, por siglos fueron ajenas a nuestro ordenamiento jurídico, pero comenzaron a usarse calladamente en la investigación criminal colombiana a partir de los años setenta del siglo XX y en tal condición estuvieron por más de dos décadas.

El Código de Procedimiento Penal del año 2000 reguló la figura del agente encubierto y el Código de Procedimiento Penal vigente, de 2004 autorizó su uso (art. 242), pero expresamente prohibió (art. 243) la utilización del agente provocador, es decir, el que hace entrampamiento o engaña para hacer caer al acusado en una trampa.

En el Derecho Penal colombiano se ha discutido el uso de la figura del agente encubierto y se han preguntado los entendidos si esa figura es necesaria para lograr éxito en la investigación de crímenes.

¿Por qué se cuestiona su inclusión en nuestra legislación?

Porque es una figura difícil de controlar, fácilmente puede ser usada en forma abusiva y pone en peligro derechos constitucionales fundamentales como son el derecho a la intimidad y el derecho a la no autoincriminación. Además, la figura del agente encubierto puede ser incompatible con el Estado de Derecho.

El agente encubierto se trajo del Derecho de Estados Unidos, junto con el llamado derecho premial, es decir, con las recompensas para quien “sopla” la comisión de un delito, delata a un delincuente, o a una organización criminal. Y esta figura ya sabemos en qué terminó... sobre ella se edificaron los “falsos positivos”.

Se critica, además, que el Estado, bajo ninguna circunstancia, debe participar en la comisión de delitos.

Y por algo que preocupa: para justificar al agente encubierto, se tiende a sobredimensionar el peligro de quienes delinquen, se hace creer que hay un gran entramado delictivo que actúa en varios países y pone en riesgo los pilares mismos del Estado.

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