martes 28 de julio de 2020 - 12:00 AM

El declamador

No se encuentran declamadores y así, ya nadie da voz a los grandes poemas, ya no hay quien los recite con exquisita sutileza, hermosos y artísticos matices y ritmos, armonizando musicalmente voz y gestos...
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Ese coronavirus que lleva meses haciendo lo que le da la gana, en días pasados le pidió a “La Pelona” que se apoderara de Rómulo Mora Sáenz y ésta, que no descansa, para cumplir tal orden se arropó de neblina en forma rauda, para que nadie pudiera impedir que ejecutara dicho encargo.

¿A quién se llevó? Al símbolo de nuestro mestizaje, al aldeano boyacense, a aquel que para todos más que el señor Mora era, afectuosamente, el “Indio” Rómulo, memorable declamador de poesía costumbrista, que recitaba versos que olían a campo florido, a caminos reales, a pueblos andinos, a sementeras, a cercas de piedra, cafetales y quebradas.

Lo que más inquina me da es que en esta tierra, en la que hasta hace algún tiempo, en cuanta sesión solemne había se encargaba a algún alumno de subir al escenario a recitar “El brindis del bohemio”, o “El duelo del mayoral”, o “La canción de la vida profunda”, o un Nocturno de José Asunción Silva, o “La marcha triunfal” de Rubén Darío, ya no quedan declamadores.

¿Eso en Hispanoamérica, donde tantos de ellos deslumbraron al mundo, como es el caso de la mejor de la historia, Berta Singerman, rusa de nacimiento, quien siendo niña, junto a su familia emigró a Argentina y se hizo, para siempre, tan nuestra como la cordillera de los Andes?

Sí. No se encuentran declamadores y así, ya nadie da voz a los grandes poemas, ya no hay quien los recite con exquisita sutileza, hermosos y artísticos matices y ritmos, armonizando musicalmente voz y gestos, sacándolos de los libros para que los hiciera suyos su destinatario natural, el público. ¡Qué triste! Ya la poesía no es el centro de la fiesta, ni los poetas embrujan a los oyentes.

Por eso el “Indio” Rómulo no se opuso a que “La Pelona” se lo llevara, pues ya no compaginaba con estos tiempos de incertidumbre, desesperanza y palabras vacías.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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