martes 20 de octubre de 2020 - 12:00 AM

El declive de El Tiempo

El Tiempo de la época de Luis Carlos Sarmiento Angulo está en declive no porque el actual sea un momento crítico para el periodismo escrito sino porque en sus páginas no hay imaginación, ni independencia.
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El Tiempo ha sido un periódico gobiernista, en forma continua y permanente, desde la edición que circuló el 8 de junio de 1.957, día de su reaparición luego de haber sido clausurado el 4 de agosto de 1.955 por el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla. Así, lleva en tal trajín algo más de 63 años. Pero debe resaltarse que nunca había llegado a ser un diario tan insulso como el que ha circulado en los últimos dos años.

El Tiempo fue desde 1.923, y hasta hace algunos años, el más influyente periódico colombiano, el que tenía más resonancia; pero desde que fue vendido por la familia Santos, su perfil dejó de ser el de una casa periodística y comenzó a ser una empresa de bienes de consumo masivo basada en economías de escala, en el que impera la ‘tiranía del diseño’ y extraditaron de sus páginas a la imaginación, la independencia, la calidad periodística, el rigor informativo, la vigilancia crítica del poder. Edición tras edición no informa, justifica el estado de cosas imperante, ese que es un enmarañado conjunto de intereses particulares basado en componendas cuyo fin es que los mismos sigan gobernando, no importa cómo lo hagan, ni que les falte estatura para ser estadistas.

La titulación de las noticias en El Tiempo es el mejor ejemplo de falta de rigor informativo. Sus noticias contienen verdades dichas a medias cuyo cometido es llevar al lector a “tragar entero” las versiones de funcionarios gubernamentales, muchos de los cuales son seres mediocres que distorsionan el sentido de lo público.

El Tiempo está en declive. Su contenido demuestra que se volvió un periódico viejo, sin fuerza, de deficiente calidad periodística.

El Tiempo de la época de Luis Carlos Sarmiento Angulo está en declive no porque el actual sea un momento crítico para el periodismo escrito sino porque en sus páginas no hay imaginación, ni independencia. Ninguna edición suya deja estela.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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