martes 21 de enero de 2020 - 12:00 AM

El fondo del caso Uber

Uber y las demás plataformas, expresiones de la cuarta revolución industrial, de la economía digital, corporativa, como Amazon, Beat, Rappi, Google, DiDi, Cabify y miles más, tienen usos, procedimientos, necesidades, muy distintos a los que queremos aplicarles.
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En las últimas semanas gran parte de las noticias ha girado en torno a la decisión que contra la plataforma Uber tomó, actuando como Juez, la Superintendencia de Industria y Comercio. Si bien algunos comentarios periodísticos comienzan a acercarse al fondo del asunto, el grueso de la opinión pública no tiene claro si el problema es la actitud arrogante y testaruda de una plataforma, Uber, que intencionalmente viola nuestras leyes o si es que ella y miles más hablan un idioma, tienen un comportamiento, usos, procedimientos, en resumen, un ethos distinto al de los jueces, la Legislación y el Estado.

Frente al asunto hay una salida fácil, de poco esfuerzo, equivocada: decidir que el problema se soluciona tramitando y expidiendo una Ley que adecue la actividad de Uber a la Legislación vigente. No. La realidad es otra. Un gigantesco sismo volvió añicos nuestro piso y si no actuamos atinadamente, no tendremos dónde guarnecernos, ni por donde caminar.

Uber y las demás plataformas, expresiones de la cuarta revolución industrial, de la economía digital, corporativa, como Amazon, Beat, Rappi, Google, DiDi, Cabify y miles más, tienen usos, procedimientos, necesidades, muy distintos a los que queremos aplicarles. Nuestra legislación no encaja en el mundo en que ellas se mueven, en su realidad. No basta con “una leyecita”.

Las plataformas están gobernadas por la inteligencia artifical que es más objetiva que la humana; esta es subjetiva, falible, tiene prejuicios, la artifical es objetiva, previsible, estructurada.

¡A la inteligencia artificial pretendemos imponerle sanciones por ser lo que es! Lo que debe hacerse es transformar toda nuestra Legislación; la inteligencia artificial requiere instituciones jurídicas aptas para ella, distintas a las que gobiernan los actos de la inteligencia humana.

¡Cambió el mundo. No nos percatamos de ello porque nuestro pensamiento tiene la estructura de un relato que define nuestra personalidad, prejuicios y realidades; se nos coló por las rendijas otro, distinto!

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