martes 30 de abril de 2019 - 12:00 AM

El regreso al infierno

Sectores están sumidos en un sueño hipnótico, trance que solo les permite oír lo que dice su hipnotizador y en tal estado creen que lo mejor es que volvamos a hundirnos en esa violencia

Desde el 24 de noviembre de 2016, cuando se firmó el acuerdo entre el Estado y las Farc y hoy, 2 años, 5 meses y 6 días después, el país, sin descanso, ha hecho todo lo posible para descender -nuevamente- al infierno del conflicto interno armado que hemos padecido por más de 70 años.

Numerosos sectores de la opinión pública están sumidos en un sueño hipnótico, trance que solo les permite oír y obedecer lo que dice su hipnotizador y en tal estado creen que lo mejor es que volvamos a hundirnos en esa espiral de violencia en que mi generación tuvo que nacer, crecer, formarse, vivir, tener hijos, nietos, envejecer y hoy, cuando el ciclo biológico señala que somos adultos mayores, presenciamos cómo con sevicia se siembra el “gota a gota” de asesinatos de líderes sociales, de guerrilleros desmovilizados, mientras el Estado deja a su suerte a la Colombia profunda, o sea, adquirimos el boleto de entrada al averno.

En esa catarsis en que están tantos compatriotas, se considera que es “normal” lo que sucede y que dichas muertes son obra de volátiles y difusas “fuerzas oscuras”.

Cuando millones de colombianos salgan de tal estado hipnótico ya estaremos, nuevamente, sumergidos en esa maloliente charca de sangre y horror en que hemos chapaleado durante más de 70 años. En tal momento, los hoy hipnotizados se tomarán la escena para gritar “¿Por qué dejaron que pasara esto?”.

Entonces será tarde, la espiral de violencia nos habrá hundido en otro desastre nacional, el país estará bañado en sangre gracias a un Estado débil, inactivo y a los oscuros vínculos entre sectores de terratenientes, de grandes ganaderos, empresarios, de fanáticos y agentes del Estado con violentos, seres irracionales que viven de la guerra.

La más reciente gota fue la alevosa muerte de Dimar Torres en Convención, sobre la que las Fuerzas Armadas dan explicaciones insatisfactorias.

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