martes 14 de julio de 2009 - 10:00 AM

El teflón y las denuncias de Cuello Baute

Los frívolos periodistas bogotanos duraron años diciendo, con criterio de autoridad, que pasara lo que pasara el buen nombre del Presidente Uribe era indemne ante la opinión pública, pues tenía un 'teflón', un mágico campo energético, capullo o halo que lo protegía de toda crítica. Pero en el mundo todo es temporal y ese axioma de los lagartos santafereños se está desmoronando cual castillo de arena en la playa.

Al gobierno Uribe le han aflorado tumefactas pústulas: su manejo fiscal ha sido irresponsable, ha enriquecido demasiado a los más adinerados, ha vuelto hilachas a la clase media, ha ahondado las inequidades sociales, ha ampliado la brecha entre quienes agonizan en la miseria y los más poderosos, ha aumentado la inseguridad en las ciudades y ha posibilitado que la corrupción crezca en progresión geométrica.

De lo último la más reciente denuncia llama a escándalo pues desnuda un putrefacto y maloliente estilo de gobernar. Y provino de donde menos se esperaba, de Manuel Cuello Baute, miembro de una familia vallenata que forma parte de la espesa fronda política, social y económica que allí hay, alguien que logró que el Presidente fuera padrino de bautismo de uno de sus hijos, quien fue Superintendente de Notariado y Registro del gobierno del 'teflón', hermano de un connotado congresista uribista.

Lo que Baute denunció ante la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, bajo la gravedad del juramento, llenó 73 hojas y conocer su contenido eriza los pelos. Ella es pieza clave de la historia real de cómo fue que se posibilitó la primera reelección del hoy Presidente.

Cuello, en forma meticulosa, pormenorizada, creíble y coherente, narró a sus jueces cómo el mismo Álvaro Uribe coordinó una inescrupulosa operación de captación de votos de congresistas, la que ejecutaron personajes de conciencia oscura como Sabas Pretelt, Bernardo Moreno (secretario general de la Presidencia), Hernando Angarita (ex viceministro del Interior), José Obdulio Gaviria y asesores de la Presidencia como Juan David Ortega y Claudia Salgado. Y de colofón, desnuda cómo Tomás Uribe movió palos para que se nombrara a Luz Marina Campo como notaria, primero en Facatativá y luego en Tunja.

De las minuciosas denuncias de Cuello sobrecogen muchas cosas: precisa nombres, hechos, época y circunstancias con coherencia y credibilidad; además, deja al desnudo que en el gobierno Uribe hace tiempo hay mucha corrupción.  

Y algo terrible: la ciudadanía no ha reaccionado ante la maloliente forma como Álvaro Uribe busca perpetuarse en el poder. ¿Por qué? Probablemente porque fue tanto lo que creyó en él que le cuesta convencerse de que tenga tan putrefacto rabo de paja. 

 

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