martes 28 de abril de 2009 - 10:00 AM

El zarpazo de las azucareras

Lo que entre 2008 y 2009 ha ocurrido con el precio del etanol, es un zarpazo que a los 44 millones de colombianos han dado los cinco grandes ingenios azucareros en connivencia con el gobierno Uribe. A la vez, es la mejor radiografía de la  'confianza inversionista' cacaraqueada por Álvaro Uribe Vélez. ¿Por qué? Miremos…

El precio internacional de etanol, agrocombustible que se mezcla con la gasolina antes de vender ésta al consumidor final, es el equivalente en dólares de E.U. a $ 4 mil pesos y en Colombia vale $ 7698,39, es decir, casi el doble. En consecuencia, los colombianos deben pagar por un galón de gasolina mucho más de lo que pagan los consumidores en otros países. ¿Por qué las cosas están así?

Porque el gobierno Uribe determinó que los colombianos -al comprar gasolina- debían pagar más por ella que el resto de los humanos para incentivar a los grandes ingenios azucareros por las inversiones que han hecho y para estimular la producción de etanol. ¡Y tal decisión se tomó calladamente, sin informarle al país! Así, nuestra gasolina tiene un precio inflado y las azucareras han aumentando superlativamente sus utilidades. ¿Eso es justo?  

El procedimiento para dar el zarpazo fue maquiavélico: Se logró que la Comisión Nacional de Biocombustibles fijara el precio del etanol con base en el valor del azúcar refinada, pese a que la que se usa para producir etanol es azúcar cruda cuyo precio es más barato, pues no requiere el proceso de blanqueo ni el de refinación; así se redujeron los rendimientos de las azucareras en forma artificial.  Con esta diabólica determinación el precio del etanol en los últimos 11 meses ha aumentado un 71%. ¿A costillas de quién? Del pueblo.

Esto fue denunciado hace poco por Salomón Kalmanovitz. Al percatarse el ministro de Minas que todo había quedado al desnudo, apresuradamente anunció que en mayo el precio de la gasolina bajaría $ 400 por galón. Este anuncio produjo la ira de las azucareras y el pataleo  altisonante del ministro de Agricultura, Andrés Fernández.

Este, furioso, rechazó la medida del ministro de Minas, exigió que las cosas volvieran a su estado anterior, glorificó 'el sacrificio' que hacen  los cinco grandes ingenios azucareros (los mismos que ayudaron a financiar  la recolección de firmas para el referendo reeleccionista) y demandó imperiosamente que se mantuvieran las normas anteriores en aras de la estabilidad jurídica que se debe dar a los grandes inversionistas.

Así, el nefasto ministro de Agricultura exige que para enriquecer a cinco grandes sociedades azucareras, se siga exprimiendo a los 44 millones de colombianos. Esa es, desnuda, la filosofía del régimen Uribe: gobernar en beneficio de un puñado de privilegiados. 

 

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