martes 27 de enero de 2009 - 10:00 AM

En el confesionario

-¿Qué cuánto hace qué no me confieso, padre? Caray, la última vez fue hace poco más de 50 años, cuando cursaba primaria en el colegio San Pedro Claver y me fascinaba confesarme con el padre Botero quien era algo sordo y daba lo mismo narrarle los pecados infantiles o el más reciente gol de Montanini.

-¿Qué por qué no he vuelto a confesarme? Porque hasta ahora siento este desespero.
- ¿Qué cuál es la causa de ello, padre? Oír la radio y leer  El Tiempo. ¿Qué emisoras? Caracol radio y la W. ¿Qué allí que ocurre? Que ella en tales medios dice tantas babosadas con tan pretendida erudición…
- ¿Acaso no la oyó el pasado domingo en Caracol Radio al medio día? ¡Ella, reaccionaria a morir, defensora de la visión del mundo de Bush, de la teoría de alternación en el poder de Álvaro Uribe, de la democracia a lo Aznar, de repente mutó y está enloquecida por Barack Obama! ¿Le parece poco? ¡Pobre Obama!
-¿Qué por qué, padre? ¿No comprende? ¡Obama cayó en las redes de los camaleones de Bogotá! Y de ellos no se salvó ni Bolívar, ni Gaitán, ni nadie. ¡Pobre Obama!
- Padre por eso vengo a confesarme, porque no tolero más su lambonería, sus comentarios aparentemente sesudos pero realmente frívolos, fatuos, la forma prepotente como desfigura los hechos, sus pretensiones de culta y el daño que causa a sus oyentes y a sus lectores.
-Padre, ¿cree que exagero? ¿Acaso no la oyó el otro día pontificar sobre el libro que Fidel Castro escribió sobre Colombia y volverlo añicos? Yo le creí, no lo había leído y ahora que cayó en mis manos, casi me doy contra las paredes, el libro es fundamental para entender a la Colombia de los últimos 50 años y por estúpido no lo había mirado.
- Padre, ¿acaso no la oye en la W todos los días? Sus juicios tienen menos profundidad que un comentario en coctel bogotano y ¡Vaya si es atrevida en sus juicios!
-Por eso vengo, padre, a decirle bajo el secreto de confesión que no soporto más la mediocridad de ella, ni sus desfigurados y fatuos comentarios, ni la estupidez de quienes la endiosaron. Por eso le juro que no vuelvo a oír a Caracol radio, ni a la W, ni a leer El Tiempo los días en que se publiquen textos suyos.
- ¿Qué cómo se llama ella? Bueno, ¿no lo ha deducido? María Isabel Rueda, padre, solo ella condensa tanta bobada en el periodismo nuestro, ¿Cree usted que tiene perdón la estupidez de haberla oído y leído por años? ¿Qué comparte usted mi opinión, padre? ¿Verdad?

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