martes 11 de octubre de 2022 - 12:00 AM

En torno a los fallos judiciales

Hace años, en 1969, cursaba yo estudios de Derecho en Bogotá y, a la vez, laboraba como empleado subalterno en un Juzgado Penal del Circuito de esa ciudad. Una de las tareas a mi cargo era ir a las cárceles Modelo, Picota y El Buen Pastor, a leerle sentencias y providencias de fondo a quienes por procesos que se llevaban en el Juzgado estaban privados de su libertad y notificarles de su contenido. No era raro que ocurriera lo siguiente: los guardianes llevaban al detenido a la sala de entrevistas, sacaba yo el documento de 20 o 30 hojas y comenzaba a leer en voz alta toda la providencia; al terminar de hacerlo, debía el detenido firmar la notificación de la decisión tomada por el Juez. Era frecuente que el preso me dijera que le explicara lo resuelto porque para él era ininteligible el contenido de ella.

El enjuiciado tenía razón pues eran kilométricas providencias judiciales redactadas con un lenguaje, estilo y terminología de difícil comprensión para entendidos e incomprensible para legos. Eso ocurre a diario tanto con las sentencias de las altas Cortes, como con las que profieren Tribunales y todo tipo de juzgados. Muchas de ellas son mamotretos de decenas o centenares de hojas llenas de vocablos recargados, innecesarios, confusos, que no hay necesidad de usar, signos de puntuación mal utilizados que destrozan el sentido de las oraciones gramaticales, citas innecesarias, farragosas, en fin, son más enredadas que fórmula de médico escrita a mano.

En Colombia en los últimos 60 años se han cambiado casi todos los códigos, la Constitución, se ha expedido ene número de leyes, pero nadie ha logrado que los fallos de los jueces sean claros, concisos y le digan “al pan, pan y al vino, vino”. Las sentencias judiciales de 2022 son tan embrolladas como los galimatías que yo, hace más de 50 años, leía a los internos en las cárceles, mientras estos bostezaban y se rascaban la cabeza. ¿Hasta cuándo ellas serán así?

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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