martes 25 de octubre de 2022 - 12:00 AM

Hace 60 años

Desde cuando un avión espía U-2 fotografió la construcción de emplazamientos de misiles balísticos de mediano alcance en el oeste de Cuba, el mundo llevaba ya 13 días en vilo. Se había abierto profunda brecha entre el Pentágono y la Casa Blanca. El Estado Mayor Conjunto exigía al Presidente Kennedy emprender una radical acción militar contra Cuba y, por ende, la Unión Soviética. El Presidente y sus dos asesores más cercanos, su hermano Robert Kennedy y Robert McNamara, consideraban que el planeta no debía caer en el abismo nuclear, que lo indicado era presionar a la URSS y bloquear navalmente a Cuba para impedir envíos de armas nucleares.

En la mañana del 19 de octubre de 1962, llegaron a la Casa Blanca los comandantes superiores militares y entraron a la sala de gabinete a exigir la iniciación inmediata de una dura acción militar abierta contra Cuba. Fue una dramática reunión entre el Presidente y la cúpula de seguridad nacional. Curtis LeMay, comandante en jefe del Estado Mayor, habló belicosamente, exigió “freir” a Cuba y, para rematar, increpó al Presidente: “está usted en un grave aprieto”; Kennedy, le miró duramente y respondió: “usted es el que está en un aprieto conmigo”. Los Kennedy y McNamara fueron radicales en su posición.

Robert Kennedy, por orden del Presidente, adelantó delicadas negociaciones secretas con el coronel de inteligencia de la URSS Gueorgui Bolshakov y el embajador de Moscú en Washington, Anatoly Dobrynin, logrando que Jrushchev conciliara y anunciara al mundo que retiraraba los misiles de Cuba.

Cuarenta años después, en 2002, los participantes en el episodio que aún vivían, se reunieron para rememorar lo sucedido. Los norteamericanos que asistieron, estupefactos se percataron qué las armas nucleares soviéticas estuvieron martilladas, dirigidas a varias ciudades de E.E.U.U., que la URSS habia filtrado en Cuba 40 mil soldados, cabezas nucleares y armamento táctico. Washington lo ignoraba. Afortunadamente Kennedy se “amarró los pantalones”, no cedió ante los “halcones” del Pentágono y salvó al mundo de un inenarrable “tiroteo” nuclear.

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