martes 03 de noviembre de 2020 - 12:00 AM

Horacio y la generación de los 40

Ellos miraron la vida de frente, fueron destacados líderes políticos a nivel nacional, brillantes oradores de plaza pública, labraron sus idearios, lucharon sin cuartel, dejaron hermoso testimonio de vida.
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La vida y obra política de Horacio Serpa están ya depositadas en manos de la historia. Quienes lo conocimos sabemos que, a pulso, apoyándose solamente en su propia capacidad, remontó la vida comarcana y ascendió a los más altos escalones de la política nacional. Quedan como pruebas lo que fue su destino, su forma de ser, su pensamiento, sus intuiciones, sus propuestas, sus proyectos, su ideario, cúmulo de aspectos de un ser que nació y fue durante toda su vida un político y que, como todos los políticos, además de tener ideario y propuestas, quería el poder, lo confrontó y por el luchó.

Fui su amigo desde siempre, nos unía el descender del mismo tronco familiar, ese que nos hizo a ambos hombres de clase media santandereana, criados en hogares modestos, dignos, el haber vivido estrecheces en nuestras infancias, el saber que solo habría un mañana si cada cual lograba construir su identidad y edificar su futuro. Él logró hacerlo, fue actor protagónico de su tiempo, del mundo que le tocó.

Con Horacio se va el último de los santandereanos qué habiendo nacido a principios de los años 40, brilló con luz propia en el escenario político nacional. Todos fueron de clase media y dejaron huella nítida del talante santandereano.

Hablo de Luis Carlos Galán, nacido en 1.943 en Bucaramanga, educado en Bogotá; Jaime Arenas Reyes, nacido en 1.940 en Bucaramanga, educado en el Colegio de Santander, brilló como dirigente estudiantil; Francisco Mosquera Sánchez, nacido en Piedecuesta en 1.941, educado en el Colegio de Santander y Horacio Serpa, nacido en 1.943 en Bucaramanga, educado en el Colegio de Santander y en la Universidad del Atlántico.

Ellos miraron la vida de frente, fueron destacados líderes políticos a nivel nacional, brillantes oradores de plaza pública, labraron sus idearios, lucharon sin cuartel, dejaron hermoso testimonio de vida. La región debe guardar como un tesoro las huellas labradas por estos cuatro santandereanos tejedores de sueños.

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