martes 28 de julio de 2009 - 10:00 AM

La Administración que anhelamos

A diario crece el número de bumangueses que se siente desencantado al percatarse que la actual administración municipal no fija los ojos en una grave epidemia que nos aflige: la falta de cultura ciudadana que se ha adherido a la piel de la ciudad.

A la Bucaramanga del siglo XXI han llegado a vivir varios cientos de miles de personas, seres a quienes no les hemos logrado transmitir sentido de pertenencia, amor y cariño por lo que ella es y representa como lugar de convivencia. Muchos de los nuevos bumangueses trajeron consigo una actitud dura, casi rapaz, consecuencia de lo difícil que es la brega para conseguir el sustento y de que en tal tarea prima el egoísmo. Eso es palpable en la forma agresiva como conducen sus vehículos los taxistas, motociclistas y conductores de buses urbanos, en el desaseo que pulula en las vías y espacios públicos, en el daño que se causa a los bienes de uso público, etc.

Esa actitud, propia de la informalidad, fue marginal en un comienzo pero terminó imponiendo su 'ley', arrinconando y desarmando a la Bucaramanga austera, de sanas costumbres cívicas, de personas de buenos hábitos ciudadanos. La ciudad mutó en una expresión desordenada y huraña donde no viven sino que compiten a dentelladas algo más de un millón de personas.

Es cierto que quienes administran la ciudad deben resolver el agudo problema de vías vehiculares que hay, consecuencia de la miopía de las normas de Derecho Urbano que permitieron a los constructores, a lo largo del siglo pasado, trazar calles estrechas. Pero esa tarea no riñe con la urgente necesidad que hay de emprender una gigantesca campaña de educación cívica y de cultura ciudadana para que los bumangueses vuelvan a adquirir sentido de pertenencia de la ciudad, la amen y embellezcan con su comportamiento.

El bumangués de hoy expresa agudo egoísmo y agresividad. Basta observar cómo conducen sus vehículos, la persistencia con que violan las normas de Tránsito, la asiduidad con la que botan basuras en las vías públicas, la forma atropellada como arremeten contra todo aquel que les antecede en la calle, en las filas, etc.

Necesitamos una campaña de educación ciudadana que cope todos los espacios y momentos. El mejor ejemplo de las bondades de tal política administrativa lo dio Antanas Mockus, quien logró educar a cerca de 8 millones de bogotanos; sin haber construido obras emblemáticas de infraestructura, dejó un legado que no solo le ha sido reconocido a lo largo de los años, sino que todos añoran.

Esperábamos que al llegar a la Alcaldía de Bucaramanga una persona vinculada a la educación, nuestra ciudad sería teatro de una gran campaña de educación ciudadana. Pero estamos insatisfechos.

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