martes 06 de enero de 2009 - 10:00 AM

La carretera San Gil – Charalá

Una de las más ciertas posibilidades de desarrollo económico que tiene Santander es el turismo que cual cascada ha caído durante los últimos años sobre la región que comprende a San Gil, Barichara y Socorro. Solo enumerar lo que puede generar en términos económicos y de bienestar para los pobladores de tales lugares, es largo. Pero, desafortunadamente, allí hay más de un amargo pero.

Uno de ellos, de los más protuberantes,  es el estado de abandono en que se encuentra la carretera que de San Gil va a Charalá.

Quienes durante buena parte de nuestra infancia y adolescencia recorrimos tal vía, somos testigos de la lucha de los pobladores del sector durante cerca de 50 años para que ella fuera pavimentada.

Su sueño logró finalmente hacerse realidad y todos creyeron que brillaba el sol para esa hermosa región. Pero era un espejismo pues las vías carreteables necesitan mantenimiento o su ocaso es triste.

Y en ese momento está la vía que de San Gil va a Charalá. El abandono en que se encuentra, los huecos, el hundimiento de su piso, las grietas en el pavimento, llaman a escándalo y  desafortunadamente no hay solución a la vista.

Sin una buena vía entre San Gil y Charalá, el deporte de aventura en el río Fonce, el canotaje, el torrentismo, el interés de los visitantes por las cuevas del sector, entre otros, decaerá y se evaporará la posibilidad de que el turismo permanezca. Y desafortunadamente ello ocurrirá si no se le da mantenimiento a la vía.

La administración Uribe Vélez ha sido una hecatombe para las carreteras de Santander y la prueba fehaciente de ello es el estado de la vía que de San Gil va a Charalá, a la cual durante los últimos 6 años no le han hecho inversión ni el Ministerio de Transporte, ni Invías, ni el Inco, y tiene un futuro amargo.

Basta recordar que del cacaraqueado Plan 2500 en Santander, en 2008, solo se ejecutó el 1.1%, pues solo se pavimentaron 25 kilómetros, para llegar a la conclusión de que vías como la que mencionamos no está ni estará en la mira de Andrés Uriel Gallego, ni del empapelado director de Invías, ni de Inco, ni de nadie del gobierno central.

Mientras Santander piense que sus problemas se pueden solucionar a través de concejitos comunales y de la política de mendrugos que van a pedir a la Casa de Nariño los congresistas de la región, seguirá el departamento sumido en el atraso y nuestras vías vueltas una desgracia. Lástima que el valor civil y el carácter los perdimos hace años y ahora solo sabemos doblar la cerviz, creyendo que con eso logramos algo.     

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