martes 05 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

La huella de Alfredo Molano

Su obra es un extraordinario testimonio de una época amarga; su lección de vida, su cohe-rencia entre lo que escribió, vivió y fue, es un gran lega-do.
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Fue parte de esa generación que llegó a la adolescencia en la primera mitad de los años 60 del siglo XX, esa que no cabía en el país que les había diseñado quienes detentaban entonces el poder, ni la visión del mundo que les divulgaron.

Esa muchachada prefirió los análisis nuevos, inconformes, la historia narrada por Indalecio Liévano Aguirre, la visión de las artes plásticas de Marta Traba, el teatro de Enrique Buenaventura y Santiago García, la teoría económica de los economistas críticos, las ideas políticas de los contestatarios, la versión del evangelio y la sociedad de Camilo Torres Restrepo.

En ese entorno, Molano estudió Sociología a la U. Nacional y allí lo forjaron científicos sociales y académicos como Orlando Fals Borda, María Cristina Salazar, Camilo Torres Restrepo, Álvaro Villar Gaviria, Virginia Gutiérrez de Pineda, Darío Mesa, Jaime Jaramillo Uribe, Danilo Cruz y otros.

Molano es consecuencia de lo que de ellos aprendió. A lo enseñado en las aulas, sumemos un libro mayor de los años 60, “Los hijos de Sánchez”, de Oscar Lewis, antropólogo social y etnólogo estadounidense, texto que narra la vida de un mexicano de escasos recursos, Jesús Sánchez y de su familia. Ese texto es una mirada profunda de los desheredados de América Latina.

Alfredo Molano, siguiendo tales huellas, dedicó su vida a dar voz a los inconformes, a los desharrapados, a los rebeldes, a los sobrevivientes de la violencia y del conflicto interno armado que desde los años 40 del siglo XX hemos padecido y en narraciones extraordinarias, mezcla de trabajo científico social y periodismo, adobado con hilos de ficción, cincela la Colombia de los últimos 80 años.

Su obra es un extraordinario testimonio de una época amarga; su lección de vida, su coherencia entre lo que escribió, vivió y fue, es un gran legado. Todo ello queda para la Colombia del siglo XXI. Hasta siempre Alfredo.

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