martes 16 de abril de 2019 - 12:00 AM

La Semana Santa de entonces

Los viernes santos luchábamos contra el sueño para ver, poco antes de la media noche, la procesión del desande y los domingos de Pascua salíamos a la calle 37.
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La ciudad es la misma, pero es distinta... ha cambiado tanto de piel... las calles son las mismas, pero eran diferentes... Fuimos niños en un espacio urbano apacible, en un país que vivía los turbulentos años cincuenta del siglo XX. En nuestros bolsillos no sonaba el celular, sino las maras, los trompos y las tapas de gaseosa cuyo interior recubríamos de cáscaras de naranja, listos a jugar con ellos al borde de un andén. No había televisión, pero íbamos a matinal y a la entrada de las salas de cine intercambiábamos revistas de Superman, el pato Donald, Roy Rogers, Hopalong Cassidy, Archi y novelas de vaqueros de Marcial La Fuente Estefanía... Todos vestíamos ropa El Roble, o El Nogal, y nos ‘uniformábamos’ con zapatos tenis de Croydon.

En las Semanas Santas veíamos salir de la iglesia de San Laureano, calle 35 arriba, hacia la Sagrada Familia, concurridas procesiones con pasos de santos, en las que, como decía mi abuela, flotaba por entre las enaguas el “olor a santidad”. ¿Por qué no subían por la calle 36? Porque esta empezaba en la carrera 15.

Como hoy, en las puertas de las iglesias había penitentes con largos capirotes y túnicas blancas, negras, o moradas. Las campanas de las iglesias, como ahora, ‘morían’ desde los viernes santos hasta la ceremonia de resurrección, siendo reemplazadas por el sonido desapacible, monocorde, de las matracas.

Los viernes santos luchábamos contra el sueño para ver, poco antes de la media noche, la procesión del desande y los domingos de Pascua salíamos a la calle 37 a ver las ‘Carreritas’ de San Juan.

Fuimos niños en una Bucaramanga sosegada, por cuyas calles solo transitaban la motoneta de Sarita Consuegra y pocas motocicletas más, en las que, cual adornos, en algunas esquinas del centro había semáforos que no se usaban y sus tres emisoras, en Semana Santa, solo ponían música clásica.

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