martes 07 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Las dos caras de Salud

Pero hay otra Salud Hernández-Mora, aquella cuya faz no soporto, a cuyos textos y opiniones soy alérgico; esa es la que debate por emisoras radiales

Salud Hernández-Mora hace más de 20 años forma parte del medio periodístico colombiano y, sin dejar de ser española hasta los tuétanos, desde hace dos décadas es colombiana de ‘tuerca y tornillo’.

Si se debe precisar en una palabra cuál es su naturaleza y actitud, la respuesta es “independiente”. Y no es fácil encontrar a alguien que como ella sea pasionalmente derechista (sector ideológico de disciplina férrea) y, a la vez, independiente.

Como es temeraria, ama el periodismo de la calle, ese que se unta de barro y sangre y si una tierra es fértil para alguien así, esa es Colombia, donde desde hace más de seis décadas han abundado episodios escabrosos, crímenes espeluznantes, pulula la corrupción estatal y privada, hay inequidades por doquier, gobiernos débiles, bandidos de la peor laya, ligazones inconcebibles entre alzados en armas cuyo objetivo es tomarse el poder para edificar un país sin máculas y para lograrlo, kafkianamente, se asocian con delincuentes de la peor ralea y cometen crímenes inenarrables.

Salud Hernández-Mora redactando reportajes, crónicas y entrevistas sobre tan siniestro mundo, deleita al lector pues usa bien el idioma, narra con veracidad lo que ve, palpa, huele y certeramente conduce al público a los escenarios y terrenos que ella se arriesga a caminar para lograr que cada palabra sea fiel con los hechos. Yo me deleito leyendo tales textos porque son periodismo puro, exquisito, edificante.

Pero hay otra Salud Hernández-Mora, aquella cuya faz no soporto, a cuyos textos y opiniones soy alérgico; esa es la que debate por emisoras radiales y, desde columnas de opinión en prensa escrita, defiende radicales posiciones de derecha y muerde y araña a diestra y siniestra.

A esa Salud Hernández-Mora fanática, intolerante, agresiva, irreflexiva, no la soporto porque nací, me crie y padecí en una Colombia a la que seres que recibieron órdenes de otros que pensaban así, inundaron de sangre.

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