martes 05 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Los dos discursos del Presidente

Una de las características de Álvaro Uribe Vélez como mandatario, es el persistente manejo de un doble discurso. Usando uno insiste en que es un demócrata integral; el otro discurso, más ajustado a su carácter y concepción del mundo, a su forma de gobernar, es autoritario, mesiánico y sigue los postulados del modelo económico neoliberal.

Usando el discurso democrático, afirma que en el país hay libertad de prensa y deja que los columnistas de opinión se expresen conforme a los mandatos de su conciencia. Actuando en desarrollo del otro discurso, el autoritario, a través del principal organismo de seguridad del Estado, el DAS, su gobierno espía y acosa a periodistas, columnistas y medios de comunicación que no comulgan con su forma de administrar al país.

En su discurso de mostrar, enaltece el que Colombia sea una democracia de corte liberal donde el poder está dividido en tres ramas, autónomas e independientes entre sí. Poniendo en ejecución su otro discurso, manipula la obtención de los votos necesarios para expedir leyes y modificar la Constitución a su conveniencia, mueve hilos para nombrar como magistrados de las altas Cortes a abogados que sean sumisos a su idea y forma de gobernar. En tanto, el DAS hostiga, hace seguimiento a los magistrados de la Corte Suprema, a sus familiares, 'chuza' sus teléfonos, husmea sus correos electrónicos, escarba qué vicios tienen, qué deudas los afligen, hurga sus debilidades.

 Arropado en su verbo democrático, dice impulsar la meritocracia, la carrera administrativa, enaltece la autosuperación de esforzados compatriotas y asegura luchar contra la corrupción. En desarrollo del otro discurso, usa mefistofélicas fórmulas clientelistas para hacer de la burocracia su fortín y pagar favores a personajillos oscuros nombrándolos en cargos del servicio diplomático (¡Ah, Edgar Perea y miles de etcéteras más!), o en Notarías, o en cargos públicos de todo nivel.

 Afirma no tener ambición alguna y no desear perpetuarse en el poder, pero portándose a tono con su verdadero discurso, manipula el futuro del referendo reeleccionista, adecúa todo a sus propósitos y cada 4 años cambia 'un articulito' de la Constitución para perpetuarse en el poder.

Locuaz, pone cara de seminarista salido de las páginas de don Tomás Carrasquilla y enaltece su condición de demócrata. Como animal político mesiánico que es, está convencido que fuera de él ninguno de los 44 millones de colombianos puede ejercer con tino la Presidencia y considera que quienes no están con él, están con las Farc.

Entre tanto, sus hijos hacen negocios, los ingenios azucareros y un puñado de grandes empresarios obtienen jugosas ganancias, el DAS atropella, el Montesinos de su régimen maquina, la crisis económica se ahonda y el desempleo y el subempleo aumentan en proporciones alarmantes.    

 

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