martes 18 de junio de 2019 - 12:00 AM

Luis Eduardo Nieto Arteta

aún están esperando un estudio que profundice el pensamiento de tan destacado intelectual del siglo XX, desconocido para las nuevas generaciones

Era 1965. Yo comenzaba los estudios universitarios en Bogotá. En ese entonces al final de las tardes, a veces, por invitación de un gran intelectual bumangués, Ramón Pérez Mantilla, lograba colarme a escuchar la tertulia que “armaban” en la Librería La Gran Colombia, en la calle 18 poco arriba de la carrera séptima, inteligencias tales como Alfonso Palacio Rudas e Indalecio Liévano Aguirre, quien vivía más hacia el oriente y allí hacía escala antes de recogerse al terminar el día.

Liévano Aguirre me había deslumbrado uno o dos años antes, pues por lúcida iniciativa de un profesor del colegio, entre varios condiscípulos comprábamos la revista ‘La Nueva Prensa’ que dirigía Alberto Zalamea, para leer por entregas un libro de Liévano, definitivo en mi comprensión de la historia: ‘Los grandes conflictos socioeconómicos de nuestra historia’.

Un día, embelesado, oí a Indalecio Liévano hablar largo de un brillante intelectual barranquillero que tempranamente se había quitado la vida, autor de libros importantes como ‘Economía y cultura en la historia de Colombia’ y ‘El café en la sociedad colombiana’.

Poco después, en las entonces modestas instalaciones del Externado de Colombia, en el barrio Santa Fe, donde yo estudiaba Derecho, en su incómoda y escogida biblioteca, me topé con un libro que había sido propiedad de Nieto Arteta, tenía su rúbrica y numerosas anotaciones marginales de su puño y letra; así supe que el Externado había comprado la biblioteca de tan lúcido colombiano y ella estaba a disposición de los alumnos.

Buenas tardes pasé allí, alelado, leyendo las exquisitas anotaciones hechas por este historiador, filósofo y abogado al margen de las páginas de sesudos libros de historia, antropología, economía, Derecho, filosofía, sociología.

Ellas aún están esperando un estudio que profundice en el pensamiento de tan destacado intelectual del siglo XX, desconocido para las nuevas generaciones, las que se embelesan oyendo a Maluma y leyendo mensajes por Facebook.

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