martes 22 de junio de 2021 - 12:00 AM

Metrolínea: un gran dolor de cabeza

El sistema no es sostenible, la calidad del servicio es mala, su ejecución ha generado choques entre el centralismo y la autonomía de los municipios y de las áreas metropolitanas...
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Hace pocos días la prensa informó de la honda crisis que atraviesan los Sistemas Integrados de Transporte Masivo (SITM) de Bucaramanga, Barranquilla, Cartagena, Cali y Pereira. La nota periodística, desafortunadamente, no analizó muchas de las aristas que tiene el asunto pero, raudo, el comentarista de una cadena radial de noticias expresó que ello era secuela del no haberse aprobado la reforma tributaria propuesta por Alberto Carrasquilla e Iván Duque pues contenía ayuda económica para ese frente. ¿Acaso ese dinero habría solucionado los gravísimos problemas que tal sistema de transporte padece? No. ¿Por qué?

Porque si bien la cara más visible son la ineficacia del servicio de transporte que presta, la obsolescencia y deterioro del equipo de vehículos en uso, la honda crisis económica en que están sumidas las sociedades operadoras del servicio, el que en forma colateral ha multiplicado el transporte informal, la bancarrota económica en que está Metrolínea, la crisis es más profunda y tiene más caras.

El SITM se implementó hace más de 10 años. Fue la apuesta del Gobierno colombiano para solucionar la ineficiencia e insuficiencia de la oferta de transporte público urbano que había y para ello replicó en seis ciudades el sistema de buses rápidos de Bogotá (Transmilenio), buscando mejorar la movilidad vehicular en las ciudades, reducir la contaminación del aire, hacer el espacio público más organizado y seguro, pero los resultados han sido nefastos.

El sistema no es sostenible, la calidad del servicio es mala, su ejecución ha generado choques entre el centralismo y la autonomía de los municipios y de las áreas metropolitanas, sus esquemas de gestión son complejos, implican a muchos actores y exigen nutrida y armónica articulación entre ellos y eso no se ha logrado.

Es urgente que el Gobierno encuentre soluciones acertadas, distintas a las planteadas en los más de 10 documentos Conpes que la soportan, que han demostrado que son interesantes como literatura, en el papel, pero erráticos, un gigantesco fiasco al ser puestos en práctica.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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