martes 09 de abril de 2019 - 12:00 AM

Mi adiós a Roberto

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Hará algo más de 130 años salió de Girón y remontó hacia Bucaramanga, para asentarse en el poblado que no hacía mucho fungía como capital del Estado de Santander, el matrimonio formado por un modesto empleado público y su esposa, llevando tras de sí sus ocho pequeños hijos. Desde entonces esa familia, la de Manuel María Serpa Valdivieso y Adela Novoa, sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y descendientes, así hayan nacido en otros lares, son bumangueses, están adheridos para siempre a este paisaje, riscos y gentes.

De ellos descendemos Roberto Serpa Flórez y yo, quienes con decenas de familiares conformamos una tribu de afectos que añora a sus mayores, esos que fueron aldeanos de vida sencilla, costumbres sobrias, que nos legaron el amor por las más diversas expresiones culturales, la fraternidad familiar, pasión inmensa por el terruño, por la memoria de sus mayores y una inveterada dificultad para acumular capital, acrecer réditos, brillar en los negocios. Entre el tintinear de monedas y los acordes de un piano, preferimos lo segundo y entre hablar de negocios y comentar libros, terciamos por lo último y en esto nos entusiasmamos y terminamos vertiendo en letra escrita nuestras impresiones.

Roberto fue muchas cosas pero, fundamentalmente, buen ser, brillante intelectual, destacado médico, escribió un puñado de libros científicos, cronista, analista de hechos políticos, amante de la música clásica y la ópera, traductor de versos, dramaturgo, cuentista, políglota, sencillo, transparente, desinteresado miembro de familia, enamorado perpetuo de su esposa, padre exquisito, abuelo cómplice y contertulio fenomenal.

Decidió subir a la barca de Caronte, pagó su pasaje traduciendo versos y logró con ese flaco y gruñón barquero atravesar el río Aqueronte para encontrarse con las sombras de sus padres, hermanos, familiares y amigos, para regodearse añorando a su querida Bucaramanga y ser para siempre guía de su descendencia, esa que queda aquí, nostálgica, huérfana, como sus libros y discos.

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