martes 21 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Obras sin futuro

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En las últimas décadas, con el propósito de planificar y mejorar a Bucaramanga como ciudad, soñando en su progreso, se han construido varias obras públicas en diversos espacios urbanos que se esperaba fueran puntales para el bienestar de sus habitantes pero, por diversas razones, relacionadas con la sociología, la economía, la política y la cultura, no fueron soluciones urbanísticas, devinieron en obstáculos que obstruyen el mejoramiento de la calidad de vida de los bumangueses. Sobresalen estas:

1.- La calle 35. Se soñó que iba a ser un paso adelante el volverla peatonal, a semejanza de lo ocurrido en grandes ciudades del hemisferio occidental. A la añosa Calle Real se le comenzó a llamar “Paseo del Comercio”, se hizo allí una significativa inversión de dineros públicos del municipio y se cobró valorización a los propietarios de predios del entorno y a los comerciantes regularizados. El sueño, como secuela del funesto modelo económico implantado en Colombia desde los años 80 del siglo XX, devino en caldo de cultivo del crecimiento exponencial de la informalidad económica y de “Paseo del Comercio” mutó en albergue de comerciantes informales, de vendedores de estupefacientes, etc. Actualmente es un pandemónium, lugar de gran confusión, ruido y griterío. Es todo menos una apacible y amable alameda peatonal. Un sueño vuelto pesadilla incontrolable.

2.- Metrolínea. La administración de Álvaro Uribe Vélez, con base en numerosos y erráticos documentos Conpes, implementó un Sistema de Transporte Urbano Masivo para las siete grandes ciudades de Colombia, entre ellas Bucaramanga. La Nación y el municipio hicieron gigantesca inversión en dinero, tomaron para uso exclusivo de los buses del sistema Metrolínea un espacio vital en las principales vías vehiculares citadinas, estrechando aún más lo que ya era angosto, propició la subutilización y el desorden del espacio público. Dicho programa fue un fracaso como política pública, está en bancarrota, multiplicó exponencialmente el transporte público informal. Hoy es reservorio de informalidad y caos vehicular.

3.- Las ciclovías. Si alguna obra pública citadina puede ser calificada de fracaso es esta. Mal diseñada e implementada, es un inmenso obstáculo urbano usado indebidamente por motociclistas, ladronzuelos, origen de numerosos accidentes y traspiés sufridos por transeúntes. ¡Vaya fiasco!

4.- El Santísimo. ¿“Para dónde va” esta obra? ¿Qué es? ¿Qué meta ha cumplido? ¿Cuánto dinero se “enterró” allí?

¿Acaso estas obras mejoraron realmente a la ciudad y su entorno? ¿Acaso no fueron sueños que mutaron en pesadillas?

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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