martes 16 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Para quienes no la conocen

La semana pasada, en el auditorio mayor de la Cámara de Comercio, se honró la vida de Cecilia Valdivieso de Umaña y como ella es un testimonio de las mujeres de su tiempo, yo, que pertenezco a la generación que fue engendrada por ellas, soy testigo de excepción de lo que construyeron en silencio, sin aspavientos.

Cecilia pertenece a esa generación de mujeres que nació luego de la Primera Guerra Mundial y creció en medio de una batahola de noticias sobre una Europa revuelta y en perenne crisis, mientras tomaban conciencia de lo que es la vida en una Bucaramanga que luchaba por quitarse de encima el cascarón de pequeño poblado para dar sus primeros pasos como ciudad, en medio de estrecheces y dificultades. Ellas fueron formadas con un conjunto de valores aptos para que en su momento se convirtieran en amas de casa y del transportón de sus casas para adentro dirigieran los hilos de todo, silentemente. Era el signo de los tiempos, cuando aún no había llegado la alharaca de la liberación femenina.

Pero fueron Cecilia y sus contemporáneas quienes, a empujones y sin alharaca, hicieron lo que era difícil, abrir las puertas para que otras, que vinieran después, pudieran entrar al escenario de los hechos y reclamar papel protagónico. ¿Por qué lo hicieron? Porque otearon que la vida no volvería a ser como antes y por eso, sin ruido, dejaron sentado que era había que cambiar los conceptos sobre el papel de la mujer en la sociedad.

Cecilia encarna a cabalidad a esas mujeres, aquellas que hoy están en la cumbre de la edad dorada. ¿Qué obra perecedera dejaron? Cuando los hechos les demostraron que vivir no es un lecho de rosas, sin dramatismo asumieron el papel de cabeza de hogar y levantaron a su prole con coraje y dignidad. La vida no les dio reposo y fueron los pilares de las generaciones que hoy, mal o bien, son protagonistas de los hechos.

Cecilia es recia, aparentemente dura, inmensamente tierna y afectiva, alguien que a brazo partido y a punta de máquina de coser crió más de media docena de hijos y luego se dedicó, desprendidamente, a ayudar a mujeres que han tenido que superar momentos y circunstancias difíciles y amargos. Y lo hace en silencio, sin esperar retribución alguna. Por eso a sus dinámicos 91 años sigue dando clases de costura a ex prostitutas, a mujeres cabeza de familia de clases populares, para que aprendan un arte que les ayude a defenderse en la vida.

Cecilia es hermosa. La vida me permitió conocerla desde muy niño y doy fe de que es una mujer sin par.

 

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