martes 10 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Suráfrica,… ¡Pobre Suráfrica!

Suráfrica, ¿qué habrá hecho tal país para que cayera sobre sus hombros mal tan apocalíptico? ¿Acaso tal hecatombe la provocaría la teoría de que allí queda la cuna de la humanidad? Humm, en tal país hay abundante fauna, ¿para qué más?

Todo eso y mucho más pensé cuando leí la noticia, esa que hizo que  exclamara: Por Dios, ¿qué daño letal le causó Suráfrica a Colombia?, ¿qué agravio sin par nos infringió?

Muchos son los interrogantes que desde entonces me persiguen, ya  a la hora del almuerzo, ora en las mañanas rumbo al trabajo, o al atardecer mientras miro a la gente pasar,….    ¿Cuál sería el atropello que llevó al presidente Uribe a vengarse en forma tan inmisericorde de  Suráfrica? Se trata de un país distante con el que pocas veces hemos tenido contacto. ¿Acaso que la roya del café llegó procedente de la región de Transvaal? ¿Quizá el gusano picudo, o la sigatoka negra vinieron de Lesoto?   

En fin, desde entonces he tratado de concentrarme en mis deberes cotidianos pero, a poco andar, regresan las inquietudes. ¿Será que no hicimos el Mundial de Fútbol de 1986 por culpa de Suráfrica? No, fue por Belisario y él es de Amagá, no de Pretoria ni de Gaborone.

Lo que Suráfrica nos hizo debe haber sido gravísimo para provocar tal venganza. Menos agraviante habría sido mandar a los niñitos Cadena,  directivos del Atlético Bucaramanga, a que organizaran el Mundial de Fútbol de Suráfrica, o a la negra Candela a dirigir un programa de urbanidad en Ciudad del Cabo, o al Tino Asprilla a enseñar glamour. Todo eso sería menos ofensivo que lo que hizo la Casa de Nari.

¿Por qué? Porque nada justifica el desaire de haber mandado de embajador de Colombia a Suráfrica a Edgar Perea.

¿Alguien concibe a ese locutor áspero y atarbán sentado a manteles en un banquete, representando la majestad de Colombia, tratando de adivinar cuál es el cubierto que debe usar para la entrada y cuál la copa del agua, cuál la del vino tinto y cuál la del blanco? Basta cerrar los ojos e imaginarlo en medio de un discreto y sofisticado diálogo diplomático…

Si lo que buscaba el gobierno Uribe era un colombiano que fuera la antítesis de la diplomacia, las buenas maneras y la cordura, acertó, pues no hay alguien más brusco y calumniador que Perea.…  ¡Y lo mandan de embajador! ¿Qué mal nos hizo Suráfrica para ser víctima de tamaño desafío? ¡Pobres!... Afortunadamente mis magros ingresos económicos no me permiten viajar a tales lares ya que las vergüenzas que se deben pasar diciendo que uno es paisano del señor embajador no tienen par. ¡Ah las decisiones de la Casa de Nari….!      

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