martes 31 de octubre de 2023 - 12:00 AM

Eduardo Muñoz Serpa

Un gran desafio del siglo XXI: los ferrocarriles

Uno de los monumentales desaciertos en que ha incurrido el Estado colombiano a lo largo de su vida (1819 a nuestros días), es la forma torpe como ha actuado en relación con el transporte férreo. Se afirma que las administraciones presidenciales de las últimas décadas, equivocadamente, abandonaron tal tipo de transporte, lo dejaron marchitar. Esa apreciación es inexacta. Ese no es un mal reciente, ha ocurrido desde que somos Estado Nación independiente.

El ferrocarril es uno de los mejores modos de transporte del mundo en carga y pasajeros y, si el país quiere tener presencia en el panorama internacional e impulsar el desarrollo nacional en el siglo XXI, debe revisar los torpes errores en que se ha incurrido a lo largo de nuestra historia en materia contractual e ineficacia gerencial ferrea, enmendar la plana, hacer estudios acertados, dedicarse con disciplina y perseverancia a invertir en tal frente.

Entre 1819 y hoy, Colombia solo mostró tino al construir el ferrocarril de Panamá (cuando tal territorio era parte de Colombia), entre 1849 y 1903. De resto, solo se suman desaciertos, errores, sobrecostos, como ocurrió en la construcción del ferrocarril de Girardot entre 1881 y 1909, en la construcción del ferrocarril de Bolívar entre 1865 y 1941, en la construcción del ferrocarril del Cauca entre 1872 y 1907, en la construcción del ferrocarril de Puerto Wilches entre 1903 y 1916 (obra que se concluyó por la viril posición de la comunidad santandereana de ese entonces), en la construcción del ferrocarril de Cúcuta entre 1873 y 1926.

En la década de 1940 en Colombia se movilizaban por ferrocarril y por carretera el mismo número de toneladas de carga. En los años 50, se movilizó por vía ferrea solo el 32 % de la carga, en los años 70 solo el 9 % y en los años 90 el 1 %. Hoy la cifra es aun más pírrica. ¿Qué pasó? La ineficaz administración estatal de la infraestructura ferrea y su posterior abandono, pese a que tal modalidad de transporte es soporte vital del desarrollo económico por tener menos consumo de energía, menos contaminación, menores tasas de accidentalidad, bajos costos, etc.

Un gran desafío del presente siglo es revisar lo torpemente hecho en materia ferrea, invertir en ella con certeza y tino. No hacerlo es cerrarle las puertas al futuro.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad